La filantropía etarra


La velocísima aplicación de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la doctrina Parot ha creado tal desconcierto que nuestros jueces, en el plazo de 24 horas, excarcelaron a la etarra Inés del Río, condenada por 24 asesinatos. Esta decisión fue tomada por la Audiencia Nacional reunida en Madrid con la aceleración que gasta el jamaicano Usain Bolt cuando corre los cien metros. Al día siguiente, la Audiencia de Barcelona, que también se entrena para competir con Usain Bolt y con el metrobús con el que se va a medir el jamaicano en una carrera el mes que viene en Buenos Aires, excarceló a un violador con prisión pendiente hasta el año 2025. Estas, y las docenas de excarcelaciones de etarras y de otros delincuentes, que están ya en marcha, han caldeado el ambiente. Guinda envenenada de estas carreritas judiciales de fórmula 1 han sido las declaraciones del fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, que se resiste a llamar asesina o terrorista a Inés del Río tras su excarcelación. A esta navarra, nacida en Tafalla, le corresponde mejor el título de dulcísima benefactora del género humano. Calparsoro inaugura la era feliz en que a los asesinos en serie tenemos que verlos como filántropos.

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