Otra dura vuelta de tuerca

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Parece una promesa electoral por lo mucho que se incumple. ¿Cuántas veces nos han dicho desde el Gobierno, y el señor Rajoy personalmente, que no habría más recortes? ¿Diez, quince, veinte? Unas cuantas. Se me replicará que se referían a este año 2013, del que quedan poco más de dos meses, pero no siempre han sido tan explícitos. Modestamente hemos replicado desde este mismo espacio que eso era imposible; que lo malo de los recortes es que hay que mantenerlos en el tiempo si no se quiere volver a las andadas; que hay que aumentarlos y recortar más, porque los que mandan en Bruselas son muy rígidos con el déficit; y que todavía hay que apretarse mucho el cinturón para llegar al 3 % en el 2016. Y estamos a la mitad del camino.

Por tanto, que no sorprenda a nadie que el Gobierno haya mandado a la Comisión Europea un duro ajuste para los próximos dos años, cuyas víctimas son las Administraciones que más afectan a los servicios públicos y al bienestar de los ciudadanos: nada menos que 8.750 millones anuales que deben salir de ayuntamientos y comunidades autónomas y por solo dos conceptos: menos gasto y más ingresos. Para ahorrar hay que suprimir servicios. Para ingresar hay que subir impuestos. Por muchos juegos malabares que hagan los señores ministros De Guindos y Montoro, no hay otra solución.

Admitamos, no queda más remedio, la necesidad del ajuste. Elogiemos incluso la valentía del Gobierno, que lo suelta así, sin anestesia ni diálogo conocido con las Administraciones afectadas. Y pidamos que no pase nada. Que no pase nada en el terreno de los recortes, porque van a suponer otra seria limitación en el Estado de bienestar y quizá supongan también nuevas limitaciones en sanidad y educación. Desde luego, sigámonos olvidando de obras, inversiones públicas y atenciones sociales. Y que no pase nada en el terreno de los impuestos, porque el ciudadano ya está demasiado asfixiado por todas las haciendas públicas, los incrementos catastrales y otras formas de ahogar al contribuyente. Nuestros bolsillos no dan más de sí, señores gobernantes, como demuestra el nivel de la morosidad bancaria.

Y hablando de impuestos, ¿por qué tenemos que sufrir una política fiscal tan cambiante y dependiente de las necesidades del sector público? ¿Por qué el grueso de los nuevos ingresos y de los recortes se basa en las Administraciones más próximas al ciudadano y a la central se le permite ahorrar casi como si fuera por arte de magia, sin imposiciones tan contundentes? ¿Y cómo se combinan las promesas de rebaja de impuestos que hacen varios Gobiernos autónomos, si saben que tienen que subirlos por imposición de Bruselas? Son los famosos misterios de Montoro. Casi siempre dolorosos.