Ribéry es el mosquetero del cardenal Richelieu, o sea, Platini. Pero incluso así se merece el premio. Él fue la bala de plata de un Bayern de ensueño. El fútbol necesita además romper esas dualidades que tanto nos gustan en la vida, pero que terminan por ser aburridas. No todo va a ser Messi o Cristiano. Beatles y Rollings. Fresa y chocolate. Hay otros sabores, también con el balón en los pies. Igual que Iniesta, el año anterior, como galán de la Eurocopa, se llevó el premio UEFA, esta temporada está bien que le toque a Ribéry, el scarface de la banda. Es un talento imprevisible. Es fugaz. Pero tira duro. Descoloca al lego más organizado y Guardiola ya se ha dado cuenta. Franck, a sus 30 años, lideró al Bayern descomunal. Para la historia de las finales queda su taconazo para que Robben marcase al fin el gol que el fútbol tanto le debía. No es tan goleador como esos monstruos, Messi y Cristiano, pero hizo diez tantos en la Bundesliga de los récords y dio catorce asistencias. Esa faceta la ha mejorado mucho. Ahora, después de una de sus estampidas a velocidad de Le Mans es capaz de frenar la tormenta, levantar la cabeza y regalarle el balón y el gol a un compañero mejor situado. O sea, jugar al fútbol en equipo, lo que ha hecho el Bayern todo el año hasta cansarse de ganar y ganar.