Aló vai...

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

07 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

L o leí en un pie de foto de FB (Facebook) que ilustraba una fotografía que retrataba la espalda de un muchacho arrastrando una maleta en un aeropuerto. La foto la habían hecho sus padres y me recordó, casi sesenta años después, al retrato icónico de la emigración gallega realizado por Manuel Ferrol en 1956 a un padre y un hijo, ambos con lágrimas en los ojos despidiendo a otro hijo que embarcaba rumbo a ultramar.

Este verano, frente a la estación marítima de Vigo, dejé volar mis pensamientos que se embarcaron en los paquebotes de la imaginación como homenaje a los cientos de miles de gallegos que partían hacia un futuro imaginado en las ciudades de Buenos Aires, de Montevideo, de La Habana, de Caracas. Muchos nunca regresaron -miña casiña, meu lar-, muchos murieron pobres en los barrios periféricos de las ciudades soñadas, algunos retornaron y varios miles pagaron su seguro de entierro con derecho a un palmo de tierra gallega donde reposar para siempre.

Cambiaron los tiempos pero no se clausuraron los caminos. Aquella emigración que huía de la miseria, la emigración posterior a Europa de la década de los setenta que reivindicaba su derecho al bienestar que existía en los países vecinos, poco se parece a la emigración cualificada que invita al exilio económico a centenares de jóvenes excelentemente formados, la mejor generación de muchachos de nuestra historia reciente, biólogos, arquitectos, economistas, enfermeros expulsados del mercado laboral español, que buscan su acomodo profesional en Bergen, en Berlín o en Londres con un billete de ida que no asegura el regreso.

El esfuerzo económico de muchas familias que posibilitó el acceso a la formación de sus hijos, unido al coste que supone al Estado el mantenimiento de los campus universitarios, ha sido tirado por la borda sin que existan explicaciones coherentes que justifiquen tamaña tropelía que desmantela laboratorios, recorta investigaciones y reduce a la anécdota la I+D+i a la que nos estábamos incorporando.

Galicia, más que otras regiones, sufre la recurrente pandemia de la emigración.

Recientemente me comentaban que solo de mi pueblo habían emigrado a Londres 62 rapaces. Justo el doble que los empleos creados en el mes de agosto en toda España. Mis 62 convecinos no constan en el paro registrado. Son emigrantes económicos que pretenden realizar su cualificación profesional allí donde los acojan. Fuera de su patria, de su entorno, de su país.

El pie de la foto que comento al inicio de este artículo añadía: «Moita sorte, meu fillo».