En un segundo, Galicia de luto
Es así. Un segundo lo cambia todo. Justo cuando Galicia estaba a punto de celebrar tranquila un año más sus fuegos del Apóstol coloreando la fachada de la catedral y su día grande, un tren se salió de la vía y de la vida. Y nos puso a todos de luto. De golpe. Lo peor es para los que se dejaron sus sueños en esa tragedia Lo peor es para sus familias que recibieron esa llamada que es un auténtico mazazo y que convierte tu existencia en un antes y después de que sonase el timbre del teléfono. La cabeza que ya no dejará de dar vueltas. Pudo suceder de otra manera. ¿Por qué? ¿Cómo? Las carreras fueron inmediatas. Los equipos de rescate. Los vecinos de la zona de Angrois en Santiago, asustados, con el corazón amordazado por el miedo y la congoja. Las fuerzas de seguridad, todos juntos empeñados en actuar con la máxima rapidez para intentar salvar vidas. En seguida, las peticiones de donaciones. Lo mejor del ser humano que aflora siempre cuando las circunstancias se tuercen y nos ofrecen lo peor de la vida. El tiempo pondrá lo sucedido en su sitio. Pero ya nadie podrá devolverle los días y las noches a los que se quedaron en ese tramo. La información corre cada vez más rápida, pero habrá muchas preguntas que aclarar. Lo que está claro es que la noche del 24 de julio del 2013 no fue una noche del Apóstol más. No.