España, entre el clavel y la rosa

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Cuenta la leyenda que Francisco de Quevedo fue retado en cierta ocasión a llamar coja a la reina y que el inmenso poeta lo logró utilizando para ello su genio de provocador inimitable. Así, ofreciendo dos flores diferentes a la cabeza coronada, le espetó: «Entre el clavel y la rosa, su majestad es/-coja)». Como dicen los italianos, en frase célebre que ya usó Giordano Bruno, se non è vero, è ben trovato, lo que podría traducirse libremente por «si no es verdad, eso se cuenta».

Como la reina a la que Quevedo calificó de coja sin hacerlo, también en España el PSOE y el PP cojean obligados a elegir entre el clavel del caso Bárcenas y la rosa del de los ERE andaluces: el escandalazo de Barcenas es para los de Rubalcaba lo más grave que ha ocurrido en España en mucho tiempo, discurso ese perfectamente simétrico al que sostienen los de Rajoy respecto del escandalazo de los ERE andaluces. Pero ni los del PP se sienten obligados a dar de momento explicaciones adicionales a las muy escasas que ya dieron en su día, ni los del PSOE a asumir ninguna responsabilidad política, pese a tener a docenas de militantes y altos cargos imputados.

Tirar la piedra y esconder la mano (en realidad, tirar la pedrada y esconder el cazo) es la forma habitual de actuar de las organizaciones políticas, aquí y en Pernambuco. Lo que resulta más extraño, y más nocivo, es que ese comportamiento, marcado por el patriotismo de partido más sectario que cabe imaginar (los míos son los buenos, los adversarios un horror) se haya transmitido, con honrosas excepciones, a los medios de comunicación y a una parte de la propia sociedad.

Entre los medios es frecuente que los que están todo el día con el caso Bárcenas informen con cuentagotas sobre el asunto de los ERE, mientras que los que no sacan lo de los ERE de la portada esconden, como si no existiera, el caso Bárcenas. Esa forma de des(informar), que practica con descaro gran parte de la llamada prensa de Madrid, cada vez más parecida a la antigua prensa de partido, tiene, por lo demás, su perfecto correlato en el comportamiento de una sociedad sectaria, que considera los escándalos que afectan a los suyos como una fruslería, cuando no una pura invención de gente desalmada, y los que afectan a sus adversarios, como la demostración de que son unos canallas.

De hecho, hay gente, sensata e inteligente en otros dominios de la vida, que opinando de política cree aún en esa memez de que la izquierda es, por naturaleza, más honrada que la derecha, o viceversa. Por eso, no es ya una exageración proclamar, con gran preocupación, que entre el clavel de unos y la rosa de los otros, gran parte de nuestra sociedad, moralmente coja, se muestra incapaz de aplicar a los tirios las mismas reglas y principios que aplica a los troyanos.