Se lo he preguntado a mucha gente, pero nadie me ha dado hasta ahora una respuesta convincente. Ni en el PP ni en ningún otro sitio. Nadie conoce el plan. Porque es de suponer que Mariano Rajoy tiene un plan. Una hoja de ruta en torno al escándalo Bárcenas. Lo contrario, es decir, la hipótesis de que simplemente espera a que los acontecimientos se sucedan para ir improvisando sobre la marcha, sería una absoluta locura. Así que Rajoy tiene que tener un plan. Pero la realidad es que, por mucho que todos afirmen lo contrario, nadie tiene en este momento la más remota idea de cuál puede ser. Y el drama del PP, además, es que nadie se atreve a preguntárselo.
Cada vez son más los dirigentes populares que dejan ver su estupefacción por la falta de reacción del presidente del Gobierno ante el hecho de que quien fue tesorero del partido ingrese en prisión después de reconocer que dispuso de 48 millones de euros sobre cuyo origen no hay por ahora la más mínima explicación. Mientras el PP es una olla a presión en la que unos no duermen pensando en que Bárcenas tire de la manta y les arruine la carrera y otros no paran de advertir que no están dispuestos a pagar por lo que no han hecho, Rajoy sigue actuando como si nada sucediera. Al parecer, está convencido de que dispone de poderes hipnóticos capaces de ocultar a los ojos de la gente lo que está sucediendo. Borrarlo de sus mentes. Alguien debería aclararle que no es así, en lugar de sumarse todos a esa estrategia suicida de que nadie le diga al rey que está desnudo. Con el extesorero en la cárcel, con un juez investigando los presuntos sobresueldos del PP y la presunta financiación irregular, con el caso Gürtel a punto de copar otra vez todas las primeras páginas de los periódicos y con un partido a punto de explotar, el negarlo todo ha dejado de ser una opción. A Rajoy ya solo le cabe, a lo sumo, pasarse al «yo no he sido». O, más bien, al «yo no lo sabía».
El presidente del Gobierno tiene perfecto derecho de proclamar su total inocencia en este escándalo. Pero lo que resulta inverosímil es que trate de convencernos de que no solo él, sino todos en el PP, están libres de pecado. De que aquí no ha pasado nada. Ese gol no lo marca ni Neymar. Si Rajoy pretende sobrevivir a Bárcenas y mantenerse al frente del PP, y no hay nada que indique lo contrario, solo podrá hacerlo si promueve una catarsis y corta por lo sano, desprendiéndose de toda la gangrena e incorporando savia nueva a la dirección del partido. Solo así podrá demostrar que, tal y como dice, no tiene nada que temer ni de Bárcenas, ni de Aznar, ni de nadie. Si no está en condiciones de hacer eso porque quienes pusieron el cazo lo tienen cogido y están dispuestos a implicarlo antes de sacrificarse, lo que debería hacer es forzar una limpieza a fondo, preparar el relevo y legar a otro la dirección de un partido pulcro, renovado y capaz de hacerle a Bárcenas una peineta.