El párroco de Labrada


El párroco de Labrada, concello de Guitiriz, ha tenido una buena idea. El párroco de Labrada, según cuenta este diario, se llama Luis Rodríguez Patiño y lo es también de Momán, en Xermade, y de otras feligresías de Aranga y de Monfero. Gasta más en gasolina que en vino de misa, pero le da tiempo a pensar. Y lo que ha pensado es que banqueros, usureros y políticos corruptos deben ser excomulgados, y yo le doy la razón. ¿Por qué tengo que estar excomulgado yo, que no soy más que un divorciado, y está libre de tal pena el causante de las preferentes? En temas de excomunión, como en las autonomías: café para todos.

Solo tengo dos objeciones mentales y laicas. La primera es que, si los excomulgados van directamente al infierno, no habrá sitio ni calderas para tantos. La segunda es que eso de excomulgar lleva su trámite. Lleva su trámite, porque la excomunión automática se aplica a la apostasía, la herejía y el cisma, y no conozco ni un banquero ni un corrupto que se confiese apóstata. Al revés: a alguno lo he visto comulgar. La otra requiere un proceso formal casi tan complejo como conseguir llegar a que se haga justicia en el sistema judicial español.

Supongo que ese trámite se tendría que sustanciar así: en una primera fase, don Luis Rodríguez Patiño se debería dirigir a su obispo, que, como es colega del de Lugo, no querría meterse en problemas: tendría que pedir excomunión para los implicados en las operaciones Muralla, PXOM, Rey, CS-5, Pollo, Carioca o Campeón y algunas más. Mejor abstenerse y pasar la solicitud a la Conferencia Episcopal.

Así, el trámite llegaría a monseñor Rouco, que es de la zona, y estaría dispuesto a atender al párroco de Labrada. Pero monseñor ha casado a algunos de los banqueros y de los corruptos señalados. Bautizó a algunos de sus hijos. Los ve los domingos en misa, porque siempre se dejan ver en actos piadosos. Y la fe es mucha, pero hay que mantener la grey, que suele ser generosa cuando pasan el cepillo. Monseñor Rouco, sintiéndolo por el párroco de Labrada, haría pasar de él ese cáliz, pero, cumplidor como es, trasladaría el expediente a Roma.

Y llegaría a su santidad el papa, que está deseando hacer alguna depuración, pero le daría esta respuesta a Rouco: mire, cardenal, que estoy liado con los corruptos del Vaticano para meterme con los de España. No tengo capacidad para reformar la curia, y quiere usted que reforme la conciencia de los usureros españoles. Y bastante tengo con el lobby gay que trabaja al lado de mi despacho para enfrentarme al lobby de sus atracadores de cuello blanco. Espere a mejores tiempos?

Así sería el trámite de excomunión. Casi me quedo con la Justicia española, que es otra forma de saber cómo es la eternidad.

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