A ver si nos lo aclaran. ¿Cómo se le puede decir a una sociedad indignada hasta límites insospechados que no van a dar explicaciones sobre sus ingresos, que proceden de dineros públicos? ¿Cómo osan decirle a gente que vive de la sopa de beneficencia y a niños hambrientos que ellos no tienen que auditar sus cuentas? Que la ley de transparencia se la pasan por el puente de la Misericordia de Viveiro.
Pues así, con dos limones, la ejemplar CEOE y, en menor medida, UGT y CC.?OO., se han puesto de acuerdo para rechazar hacer lo que hacemos todos los demás lamparillas, que es tener nuestras cuentas como el cristal de Bohemia.
Solo el rechazo o la reticencia a abrir sus ventanales nos hacen ya sospechar que las cuentas de estas organizaciones son tan opacas como las del yernísimo. Y nos lleva a pensar que unos y otros desconocen que este país las está pasando canutas para levantarse cada mañana.
La CEOE, cuyo anterior presidente hace tiempo que no duerme en casa, tiene que explicar para qué sirve, además de para decirnos que hay que trabajar más y cobrar menos, y los sindicatos han de salir de finales del XIX. Pero, sobre todo, tienen que hacer algo más. No solo tocarnos las narices. Que estamos muy sensibles.