Las cuentas públicas en la crisis

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

Todo el discurso de la política de ajuste para salir de la crisis está basada en una falsedad: un supuesto exceso en el gasto público que alcanzó un nivel insostenible y que ahora no hay más remedio que recortar. Este es un relato que no se corresponde con la realidad. En el año 2007, antes de iniciarse la crisis, España cerró sus cuentas con un superávit del 1,9 % del PIB (producto interior bruto) y la deuda pública era del 36 %, la más baja de todos los países de la Unión Europea, incluida Alemania. Por lo tanto, el déficit y la deuda pública no son la causa de la crisis sino su consecuencia.

También es falso que en España exista un exceso de gasto público, ni antes de la crisis ni ahora. En el 2007 las Administraciones públicas en su conjunto gastaron el 39 % del PIB, una cifra muy baja en términos comparados con el 45,7 % de media de la zona euro en ese año. Y tampoco gastamos más ahora, porque a pesar del aumento del gasto en desempleo y por los intereses de la deuda, España aún está 6 puntos por debajo de la media europea.

Nuestro problema con las cuentas públicas no está en el exceso de gasto sino en la falta de ingresos. Porque España es, dentro de los grandes países de la Unión Europea, el que tiene menos ingresos públicos, antes de la crisis y sobre todo después. En el 2012 las Administraciones públicas españolas ingresaron, por impuestos y cotizaciones, el 36 % del PIB, mientas que la media de los países de la zona euro fue del 46 %. Esto es, ingresaron diez puntos menos de PIB que la media, un diferencial enorme, equivalente a 100.000 millones de euros cada año, que de corregirse eliminaría todo el déficit público, haría innecesarios los recortes e incluso dejaría margen para mejorar los servicios y la protección social.

Porque no somos un Estado que gasta de más, somos un Estado que se financia mal, porque tenemos pocos ingresos y sobre todo porque la carga fiscal se reparte de forma injusta. No se trata por lo tanto de subir más los impuestos sino de que todos paguen lo que tienen que pagar.

Un ciudadano medio español paga lo mismo o más que un alemán como consumidor con el IVA y como trabajador o pensionista con el IRPF (impuesto sobre la renta de las personas físicas). Los 10 puntos de diferencia en los ingresos no se deben a que los tipos impositivos españoles sean bajos, que ya no lo son, sino al fraude fiscal, a la baja tributación de las rentas de capital y a la ingeniería fiscal, paraísos fiscales incluidos, que lleva a que las grandes fortunas apenas tributen y que las grandes empresas, en especial las que son multinacionales, tributen solo el 5 % sobre sus beneficios.