Espere sentado, Rubalcaba

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Las noticias que llegaron ayer del comité ejecutivo del Partido Popular son realmente emocionantes. Mariano Rajoy explicó su política a esa pequeña asamblea, y todos los asistentes quedaron altamente gratificados, como si hubieran oído la palabra divina en medio de una crisis de fe. Doña Esperanza Aguirre, que hace unos días parecía querer sublevar a los fieles saliéndose del dogma, volvió a su fervor mariano, se arrepintió de sus malos pasos y pidió la palabra para agradecer a ese nuevo santo dos croques que es Rajoy las explicaciones que había dado.

¿Y qué había explicado el señor? ¡Oh, detalles mágicos de su gobernación! Por ejemplo, que subió los impuestos para evitar el fuego eterno del rescate. Pero tranquila, Esperanza, que en cuanto podamos, volveremos a bajarlos. Por ejemplo también, que el Gobierno está corrigiendo los desequilibrios, que no echa campanas al vuelo por los datos del paro registrado y que no es partidario de la independencia de Cataluña. ¿Dónde está la novedad? En nada. Solo en el hecho de que habló el santo y ante tal prodigio la grey del PP parece que quedó muy sedada y María Dolores de Cospedal también felicitó al presidente por su coraje para reformar este país. Parecía una competición de primas donas a ver quién aplaudía más al director.

Conclusión fundamental del episodio, digan lo que digan las palabras posteriores de los portavoces, o declare lo que declare el propio presidente: si Rubalcaba espera que su plan de reactivación de la economía y de lucha contra el paro sea recibido con cohetes por el Gobierno, puede esperar sentado. A este Rajoy que está convencido de habernos librado de las tinieblas del rescate no le cuela un euro de más en el gasto público ni la señora Merkel en paños menores. ¿Adónde va este con un presupuesto de 30.000 millones de euros?, se preguntará en la intimidad. ¡A ponernos otra vez en la boca de la intervención para que yo tenga que rescataros otra vez!

Y así se caerá el Plan Rubalcaba, vaya por Dios. Mirad que es bonito eso de la moratoria de los despidos. Mirad que es seductora la perspectiva de quitas, aplazamientos y menos intereses en las hipotecas de primera vivienda. Mirad que es necesario crear un fondo público para socorrer a las empresas. Mirad que es alentador ayudar a quien coloque parados. Y mirad que es digno de elogio el esfuerzo de Rubalcaba por demostrar que pueden existir alternativas a la asfixiante austeridad. Pues me temo que será un esfuerzo estéril. Ayer, en el comité ejecutivo del PP, se comenzó a levantar un muro perfectamente previsible. Si Rajoy entiende que su actuación nos ha salvado del infierno, es inútil soñar con que admita siquiera la posibilidad de cambiar.