El escrache de Beiras


«Los escraches, en tanto no son violentos, son un ejemplo de libertad de manifestación». Esto no lo dijo un miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ni un tertuliano de izquierdas. Lo dijo el presidente del Tribunal Supremo en una entrevista de Pepa Bueno. No llega a ser doctrina judicial, pero sí es una opinión jurídica de máximo nivel que desautoriza los criterios que consideran esas acciones de intimidación como propias de nazis, fascistas o proetarras. Todos esos calificativos han sido utilizados por personas del Gobierno o del partido gobernante desde que empezó esa práctica. El señor Moliner pone un punto de sosiego y marca la frontera del delito: la violencia.

Casi a la misma hora, en el Parlamento de Galicia se producía una de esas escenas que, por insólitas y por lo que tienen de espectáculo, saltan los límites regionales y se emiten por todas las televisiones. Me estoy refiriendo, claro está, a lo que ayer hemos visto todos, aunque no vivamos en Galicia: el ataque de ira de Xosé Manuel Beiras contra el presidente de la Xunta. Fue la imagen política del día. Será por mucho tiempo la imagen del líder de AGE, que sustituye a la clásica del zapatazo en el pupitre al estilo Breznev. Y es, para este cronista, el escrache de Beiras.

Por tanto, le aplico el criterio del presidente del Supremo. Todo lo que se haga y diga en un Parlamento es un ejemplo de libertad de expresión con una condición: que no sea violento. En un Parlamento se puede decir lo que se quiera, con razón o sin ella. Se pueden hacer acusaciones justas e injustas. Se pueden atribuir al adversario intenciones maliciosas o voluntad de mentir. Se puede acusar a un presidente de creerse «o xuíz supremo do país». No se puede insultar, pero se insulta. Pero hay un límite que fue justamente el traspasado ayer por Xosé Manuel Beiras: el de levantarse de su asiento, dirigirse a quien está en uso de la palabra, sea o no presidente, y dar un puñetazo en su escaño. Eso, se mire como se mire, y aunque el puño no haya llegado al agredido, es una actitud violenta.

Naturalmente, no estoy sugiriendo que el señor Beiras ha delinquido. Pero sí digo que quienes son líderes naturales, de gran prestigio y seguimiento, debieran usar el arma de la palabra y no de los puños. Si Beiras se molesta (y tiene razones para ello) por lo que dijo el presidente Feijoo, lo civilizado es utilizar los recursos parlamentarios. Y si la mayoría absoluta se lo impide, montar el follón que corresponda, pero pacífico y por sus cauces. La agresividad crea agresividad. Cuando un gran líder la practica, es posible que algún seguidor lo quiera emular. Y no están los tiempos para instigar ninguna actitud de agresión.

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