05 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
Uno puede ser alto, rubio y guapo y ser un golfo. Incluso puede ser duque y ser un granuja. Y las golferías no las comete uno solo. Se necesita colaboración, mediación y apoyo. Y si se forma parte de una familia relevante y con influencias evidentes en todos los ámbitos, el golfo tiende a echar mano de esas relaciones para sus tropelías. Lo que hace es utilizar la posición aventajada, sus contactos y a sus privilegiados familiares.
Y eso es exactamente lo que ha dicho el juez José Castro. Que no solo Iñaki es un golfante. Pero parece que no queremos enterarnos.