No voy a recrearme ni una línea en cómo se montó la moción de censura de Ponferrada. Todo está dicho, menos una cosa: Ismael Álvarez, que hizo posible el éxito de la moción, era un concejal con todas las de la ley. Había sido elegido por los ciudadanos y en una lista propia. Si su voto era válido para aprobar o rechazar un presupuesto, también lo es para echar o confirmar a un alcalde. Como lo censurable es que el PSOE se haya apoyado en él, me parece preciso analizar la situación en que queda este partido, porque mediáticamente parece que Ponferrada ha tenido efectos más demoledores que el atisbo de cisma que se ha producido en Cataluña. Veo cinco puntos de reflexión.
Primero. Ponferrada puso de manifiesto el ansia de poder de los socialistas. Después de haber perdido autonomías, ciudades, el Gobierno de la nación y sin perspectivas de pronta reconquista, se erotizan ante la posibilidad de alcanzar alguna cuota de poder, aunque sea a costa de sus principios. No les ciega la posibilidad de echar a un acosador, como dijo Óscar López. Les pone como motos el sumar un municipio importante a sus decadentes dominios.
Segundo. Acaban de demostrar una clamorosa falta de previsión. Ni Rodríguez Zapatero, tan criticado, cayó en esa trampa, aunque se la pusieron sobre la mesa con toda su seducción. Cuando una fuerza política pierde sensibilidad ante la posible reacción de la opinión pública, no hacen falta encuestas: está claro que se distancia de la esperanza de poder ganar elecciones. Ese es su fallo actual.
Tercero. Con algo de buena voluntad podemos disculpar a Rubalcaba, y personalmente estoy encantado de hacerlo. Pero no se puede disculpar a su equipo. Todo ha sido una cadena de fallos que empezaron en Ponferrada, pasaron por la federación provincial y regional y terminaron en Ferraz. Me da igual que haya o no haya dimisiones; es un asunto interno. Pero Rubalcaba debe meditar qué beneficio político le proporcionan muchos de sus actuales colaboradores.
Cuarto. Reapareció el factor Carme Chacón. Fue la primera en levantar su crítica. Por mujer o por inteligente, demostró más sensibilidad. Con un solo tuit agitó más que decenas de ruedas de prensa. Se ha reafirmado como alternativa, al menos ante parte de su electorado potencial. Un crecimiento de Chacón es una merma de Rubalcaba y eso acentúa la sensación de crisis de liderazgo.
Y quinto, una lección general: atención que quien manda es la opinión popular, incluso en las redes sociales. Ya es un poder decisivo. Rajoy no estaría sufriendo a Bárcenas si no fuese por esa presión. Ponferrada no supondría una quiebra para el PSOE sin ese apremio. Quien obtiene su aprobado va bien. Quien no la conquista se acabó.