Hasta hace dos años la productividad estaba en el centro del debate económico. Desde las posiciones más conservadoras se insistía un día sí y el otro también en la urgencia de cambiar el modelo de negociación de los convenios para vincular el crecimiento de los salarios al incremento de la productividad.
Desde la Unión Europea hasta la CEOE, pasando por muchos servicios de estudios vinculados a la banca y las grandes empresas, se insistía en que esa era una reforma imprescindible para avanzar en la competitividad de la economía española.
Pero, de repente, el silencio. Ninguna de estas voces ha vuelto a plantear el tema.
Ni es una casualidad ni el debate se agotó. Hay otra razón que explica este silencio. O, mejor, dos. La primera es que cuando hablaban de vincular salarios y productividad no estaban pensando en una propuesta real sino tan solo en un subterfugio con el fin último de recortar los incrementos salariales.
La segunda es la propia evolución de la productividad en la crisis. Porque aunque suene extraño, desde el año 2009 la productividad aparente del trabajo ha crecido, y mucho, en España. Y por lo tanto si se aplicara la propuesta que defendía la patronal y teorizaban sus apologetas, estaríamos en el absurdo de tener los mayores crecimientos salariales justo en los años de caída en la actividad, el beneficio y el empleo.
Por poner un solo ejemplo, en el año 2012 la productividad media creció más del 3 % en España, de tal forma que, aplicando el modelo de negociación que proponía la CEOE, el incremento salarial medio debería haber sido al menos ese 3 %.
Y no. Eso no es lo que pasó, como todo el mundo sabe. La aplicación de la durísima reforma laboral del PP ha desequilibrado las relaciones laborales a favor de los empresarios, lo que les permite imponer la reducción de los salarios sin la necesidad de recurrir a subterfugios teóricos. Ahora ya no se trata de limitar el crecimiento salarial, ahora ya estamos en otra fase, la de reducir los salarios, en lo que se llama la devaluación interior que uno de los principales asesores de Merkel se atrevía a cuantificar en una rebaja del 30 % de las rentas en España. Esto es, de los salarios, las pensiones, las prestaciones sociales, el seguro de desempleo...
Por eso ya no se habla de la productividad. El objetivo ya está logrado y ahora los propagandistas de la política económica neoliberal dirigen sus ataques contra otros objetivos, como las pensiones, los servicios públicos o el modelo territorial. Sin ningún pudor, sin ninguna explicación, sin ninguna justificación son capaces de cambiar de tema y de opinión según el interés de los que mandan.