Por si fuera necesario, comenzaré aclarando algo que espero ayude al lector a juzgar cabalmente lo que a continuación deseo argumentar: soy partidario de las primarias desde hace muchos años. De hecho, he defendido en varios libros, cuando casi nadie lo hacía en España, la necesidad de introducir en los partidos elecciones primarias, limitando mandatos y fijando incompatibilidades muy estrictas.
Dicho lo cual, creo, antes que en las primarias, en que todos debemos ajustarnos a las normas que tenemos la obligación de respetar. Las del PSdeG para elegir su dirección están establecidas en sus estatutos con tanta claridad que vulnerarlas supone, no solo una burla, sino una malísima señal que un partido muy importante para Galicia envía a nuestra sociedad.
La forma de proceder de Pachi Vázquez reproduce, de hecho, pe por pa, la de Mas en relación con el llamado derecho a decidir de Cataluña: dado que no puedo legalmente convocar un referendo, hago un fraude de ley como una casa y lo convoco? llamándolo consulta al pueblo catalán. Tal ha sido la increíble decisión del secretario socialista: como no puede hacer primarias, porque los estatutos no lo permiten, al establecer un sistema diferente de elección, las hace igual pero esconde el fraude bajo la forma? de una consulta a la militancia socialista.
Aunque claro, puestos a disparatar y hacer mangas y capirotes con las normas, nada como lo de Caamaño, quien ha llegado a sostener ¡que la democracia está «por riba das leises»! Da pavor imaginar lo que, quien piensa de ese modo, habrá enseñado a sus alumnos de Derecho, pues la atroz idea de que primero está la democracia y la ley luego ha servido para justificar tropelías sin cuento contra las libertades y derechos en docenas de países. ¡Que se lo digan, sin ir más lejos, a Hugo Chávez!
En todo caso, a nadie debería extrañar que así razone (es un decir) quien coronó su trayectoria en los dos cargos ocupados bajo la presidencia de Zapatero con dos fiascos clamorosos: como secretario de Relaciones con las Cortes asesoró Caamaño sobre la constitucionalidad del Estatuto catalán, luego devastado por el TCE por inconstitucional, sin que, que se sepa, Caamaño haya asumido ninguna responsabilidad por ese revolcón; y como ministro de Justicia, borró con un indulto los antecedentes penales de uno de los principales banqueros españoles, lo que acaba de ser anulado como una extralimitación, manifiestamente ilegal, por el Tribunal Supremo.
Rubalcaba tiene ahora la palabra: si, cumpliendo con sus obligaciones, no aplica las normas del PSOE, mejor haría en irse ya, pues no puede pretender ser líder de la oposición quien es tomado en su partido por el pito del sereno. José Blanco, que lo sabe, no debería dejar de recordárselo.