De esta crisis también saldremos

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

No gracias a la política económica de Rajoy y de Merkel, que no hace más que agravarla. Saldremos porque es el ciclo natural del capitalismo, que lleva a que después de una recesión se produzca una fase expansiva. Así llevamos 200 años y por lo tanto en el 2014 o en el 2015 el PIB volverá a crecer porque es la lógica del sistema. Lo preocupante en esta ocasión es cómo saldremos o cuántos derechos nos habremos dejado por el camino, como ciudadanos y como trabajadores. Como ciudadanos porque asistimos a un grave deterioro de la democracia real, porque cada vez se hace más evidente que el poder ya no reside en las instituciones elegidas por el voto ciudadano sino en otro poder real, no democrático, que se esconde detrás de eso que se llama los mercados. También sale muy deteriorado el Estado de bienestar, que en España habíamos empezado a construir y que antes de alcanzar un nivel homologable con los países centrales de la UE, ya está siendo duramente recortado. Pero donde el retroceso está siendo mayor es, sin duda, en los derechos laborales. La debilidad de los trabajadores, provocada por el brutal nivel de desempleo, y la desprotección legal que sufren como consecuencia de las dos reformas laborales, ha modificado de forma radical las relaciones laborales en España. Ahora todo el poder está en las manos de los empresarios, que lo están utilizando para rebajar drásticamente las condiciones laborales, especialmente los salarios.

Ya no hay empresa, sector o actividad segura para nadie, con estabilidad laboral y personal. Es la pérdida del nivel salarial, pero también de indefensión ante el despido, el cambio de las condiciones de trabajo, la movilidad geográfica o de funciones, la extensión de la jornada sin cobrar por ello. Es la devaluación extrema de la negociación colectiva porque en las mesas de los convenios se negocian hoy muchos más recortes que avances.

Este desequilibrio entre el capital y el trabajo tiene consecuencias cuantitativas y cualitativas. Las primeras se pueden medir. Así, según el Instituto Galego de Estatística, desde que empezó la crisis en el 2009 la participación de las remuneraciones salariales en la renta global cayó cuatro puntos hasta llegar al 43,5 %, su mínimo histórico en democracia. Por el contrario, el excedente bruto de explotación, los beneficios empresariales, aumentaron en esa misma cuantía hasta alcanzar el 47,9 % de la renta. Estamos ante una transferencia de rentas de los asalariados hacia las empresas que supone un intenso proceso de redistribución de la renta muy negativo para la mayoría social y que está provocando esa caída intensa del consumo, y por lo tanto de la demanda, que hace más difícil la salida de la recesión. Lo cualitativo es más difícil medirlo, pero lo entendemos: sufrimos un proceso de precarización generalizada, de proletarización en la vieja terminología, que deteriora profundamente las expectativas de vida, ahora y en el futuro, de la inmensa mayoría y que ve el futuro como una amenaza y no como una oportunidad.