Aunque el término no esté recogido por la Real Academia Española, se entiende generalmente por contrafactual un fenómeno que pudiera haber ocurrido si se hubieran dado determinadas circunstancias? pero que de hecho, nunca ocurrió. A esa figura ha recurrido la ministra de Empleo para justificar su reforma del mercado laboral, la cual, según ella, «ha permitido mantener muchos puestos de trabajo en España» que en otro caso se hubieran eliminado. Algo que es imposible de demostrar -eso o su contrario-, porque nos coloca en el territorio de lo puramente imaginable. En cambio, los datos tangibles hablan de otra cosa: desde que la señora Báñez dirige ese ministerio, ha ocurrido algo que para cualquier ciudadano italiano o británico -por poner dos ejemplos de gente que sabe muy bien lo que es una dura crisis financiera- resulta casi inverosímil: que en solo un año se han destruido 850.000 empleos, cuando ya partíamos de una tasa de paro que se acercaba al 23 % de la población activa.
En realidad, lo que se está demostrando en forma de drama es algo muy diferente de lo que la ministra pretende. Y es que, al margen de que los contenidos de esa reforma sean o no acertados, está fuera de duda que resulta extraordinariamente inoportuna: no es disparatado pensar que la mayor flexibilidad del mercado de trabajo hará a la reactivación, cuando esta llegue, más intensiva en creación de empleo (aunque cabe objetar que en la anterior fase de expansión, con otro marco laboral, eso ya pasó). Pero, lamentablemente, para que las tendencias expansivas cojan velocidad de crucero falta aún una buena temporada. Mientras tanto, lo que la reforma está consiguiendo es que la recesión sea aún más intensiva en paro, lo que, en un terrible círculo vicioso, alimenta a la propia contracción.
«Todo el diseño de la política económica va dirigido a reducir el paro», ha afirmado otro ministro del Gobierno, Luis de Guindos. Pues si es así, habrá que concederle todavía un margen de tiempo para que demuestre esas excelencias, pero hasta ahora los datos conocidos y las predicciones fiables -y no un mero argumento contrafactual- apuntan a un juicio durísimo e inapelable sobre su propia gestión.