Lo acepto, doña Dolores, pero no lo creo

OPINIÓN

01 feb 2013 . Actualizado a las 11:00 h.

Con cara de niña modelo, y con el tono propio de la buena alumna que lleva el examen al dedillo, Dolores de Cospedal lo negó todo. Sanchís y Naseiro no existieron. Bárcenas era un afiliado desconocido que nunca tuvo vara alta en Génova. El caso Gürtel fue una engañifa general de la que el PP solo fue una víctima. En el PP no hubo jamás doble contabilidad, ni un céntimo de euro de dinero negro. Los apuntes contables dados a conocer ayer no eran la pasta negra que se llevaban los mandamases, sino una rara forma de contabilizar los donativos que los dirigentes del PP le hacían al Domund por medio de Bárcenas. Y los gastos del partido siempre cuadraron con los ingresos oficiales que fiscaliza el Tribunal de Cuentas. Aun así, por si alguna vez entró en Génova un socialista que pagó el café con un euro negro, Rajoy ordenó una auditoría como las que el Banco de España les hacía a las cajas de ahorros, con la que va a dejar probado que todos los errores que cometieron con el fisco fueron a favor del Estado. ¡Una gloria, vamos!

A la vista de todo ello quiero hacer una solemne declaración. Si lo que quiere De Cospedal es trazar una línea divisoria entre los viejos y los nuevos tiempos, que le sirva para enmendar todos los comportamientos, cambiar el modelo de financiación, pedir comprensión para un sistema de gestión que fue común a muchos partidos, y ponerle las orejas coloradas a las docenas de gerifaltes que se forraron a cuenta de dinero oscuro, yo le acepto lo que dijo, y no me importaría nada que se hiciese borrón y cuenta nueva.

Se lo acepto, digo, pero no le creo nada. Absolutamente nada. Y por eso le pido que no me lo explique más veces. Que no me tome por tonto, y que no vuelva a negar que el estiércol de Génova llega a la séptima planta y su olor hediondo a los confines del Reino. Porque, salvo el arrepentimiento, nada de lo que diga el PP es creíble, y muy pronto dejará de ser formal y convencionalmente tolerable. La falta de pruebas ya no puede ocultar que de las fuentes financieras del Partido Popular manó dinero corrupto y abundante. Y mucho me temo que, si siguen mezclando la corrupción con una soberbia indecente, nadie podrá evitar la gran explosión que estamos temiendo.