Rajoy ha vivido en el alambre todo el caso Gürtel. Su tendencia a dejar que el paso del tiempo tome decisiones por él le sirvió cuando el vendaval de la crisis soplaba a su favor. Pero ahora lo hace en contra y los problemas se le amontonan. Los que no solucionó en su momento vuelven, como un bumerán, con más fuerza. Bárcenas tiene el poder que le da el haber controlado la información más sensible del PP durante años. Y lo usará sin miramientos, porque se juega su libertad. Pero esa amenaza es más previsible, y por ello controlable, que la proveniente de sus propias filas. Como los buitres, más de uno huele sangre y ya afila las uñas. Rajoy haría bien en, por una vez, agarrar por los cuernos el toro de la corrupción. Ayudaría al país y a sí mismo. Porque le esperan tiempos aún peores.