Argelia, expeditiva con el terrorismo

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

21 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

S i alguien confiaba en que, con la desaparición de Osama Bin Laden, el terrorismo islámico iría diluyéndose, estaba muy equivocado. Al Qaida le ha sobrevivido por ser un tejido de células independientes con líderes locales. En el caso del Magreb, estas se caracterizan por su vocación yihadista, la ignorancia fomentada con fanatismo y el odio al occidental. Estos terroristas que, como los de Afganistán, conocen las fortalezas de su inhóspito territorio y las debilidades de los países con largos conflictos étnicos y territoriales, han aprovechado para hacerse fuertes en ellos.

Así, con la excusa de la intervención francesa en Mali, justificada a su vez por la invasión terrorista pero basada en su interés sobre los recursos naturales del país, Al Qaida del Magreb Islámico, liderada por el sanguinario Mojtar bin al Mojtar, asaltó la planta gasística de Tingatourine en la desértica provincia argelina de Ain Amenas. El Gobierno argelino y sobre todo su Ejército, bregado en la guerra de 1992 al 2002 contra el GIA, el AIS y demás derivados, sabían que cualquier negociación con los terroristas era imposible, porque con ella alienta la repetición de los ataques, les aporta recursos económicos y les da argumentos sobre su capacidad para someter al occidental. Por ello, el Ejército argelino ha actuado de manera expeditiva, provocando un baño de sangre. Algo que, de cualquier manera, hubiera sucedido, al haber sido sembrada de minas la planta por los terroristas. Puede que una eficaz lucha armada y una hábil labor de los servicios de inteligencia debiliten a los terroristas, pero para acabar con ellos es preciso, también, proporcionar bienestar económico y educación a la población.