Al corazón del Partido Popular

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

19 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La rueda de prensa del Consejo de Ministros de ayer ha sido un reflejo exacto de este momento del país. Casi todas las preguntas a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría apuntaron a un solo tema: el escándalo Bárcenas, el origen de su oscura fortuna, los sobres con dinero negro a la cúpula del PP, el papel de la Agencia Tributaria o las intenciones de explicarse por parte del señor Rajoy. Un observador extranjero pensaría que en España no existe un serio problema de unidad territorial, ni paro, ni una situación angustiosa de las finanzas públicas y privadas.

La señora Sáenz de Santamaría, siempre hábil e inteligente, toreó lo mejor que pudo, se escudó en la clásica distinción entre partido y Gobierno y salió viva del desafío. Supongo, además, que habrá salido con una lección: los tiros apuntan a Bárcenas, pero se disparan contra el Partido Popular. De poco valen las peticiones de clarificación de Núñez Feijoo, «el que la hace la paga» de De Cospedal o la demanda de «caiga quien caiga» de Aguirre. Los datos de que se dispone son balas contra el corazón del PP. Y el recuerdo de los archivos, mucho más. Sobre todo, ese Rajoy que no tenía una sombra de duda sobre Bárcenas y ha sido sorprendido en su bondadosa forma de mirar.

Y miren ustedes: se podrán hacer sutiles distinciones entre partido y Gobierno, pero las personas son las mismas. Se podrá alegar que los 22 millones proceden de negocios privados de Bárcenas, pero no es lo que dice su declaración de bienes al Senado, con lo cual o mintió antes o miente ahora. Se podrá negar la existencia de los sobres con dinero negro, pero siempre puede aparecer un testigo fuera de disciplina, como Jorge Verstrynge, que confiesa que estos pagos se establecieron en 1988 como costumbre habitual, lo cual nos deja una inquietante pregunta: ¿los máximos responsables del Gobierno de hoy han defraudado a Hacienda?

Añadan ustedes que Esperanza Aguirre parece disfrutar y suena como si volvieran olvidadas peleas de poder. Sumen la indignación que Bárcenas ha provocado en los ciudadanos, cada día más instalados en la convicción de que les están robando. Agreguen el daño a instituciones y organismos como la Agencia Tributaria, y no se extrañen de lo que se oye habitualmente por la calle: que estamos en manos de chorizos que se forran a base de esquilmar el país. En resumen: daño institucional; perjuicio a un partido que no es cualquiera, sino el que gobierna; deterioro institucional y golpe duro a la ya castigada confianza ciudadana. Díganme si no es para que Bárcenas cante, si le queda algo de honor y respeto al país. Díganme si no es para que salga Rajoy y explique lo que sabe y lo que piensa hacer. Caiga quien caiga, como debe ser.