La no entrevista

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Es obvio que el escándalo de Urdangarin y el episodio de Botsuana han socavado gravemente la institución monárquica y la figura del rey. Pero caeríamos en un error si no viéramos más allá de esos dos casos tan llamativos. La pérdida de confianza de los ciudadanos en la Corona viene de lejos. A medida que ha ido pasando el tiempo, el apoyo popular menguaba, con la llegada de nuevas generaciones que no vivieron la transición y el golpe del 23-F, los dos hitos que legitimaron a don Juan Carlos en el trono. Eso hizo que muchos españoles, incluso los republicanos, se hicieran juancarlistas. Pero esas rentas ya no son suficientes para un sector muy importante de la población, sobre todo los jóvenes. Y ese es un claro peligro para el príncipe, que no cuenta con esos avales históricos que se ganó su padre.

Esa creciente desafección se puede comprobar analizando la serie histórica del CIS. Del notable que cosechó la monarquía en 1995 pasó a un aprobado raspado en el 2006, 2,3 puntos menos de valoración en 11 años. En octubre del 2011 los españoles la suspendían por primera vez. Alerta roja. Después llegaron la imputación del yerno y la caza de elefantes. Era la puntilla. Además, se abría la veda sobre la vida privada del rey. La única solución que encontró para reconducir la situación fue pedir perdón.

La no entrevista del viernes se enmarca dentro de la ofensiva de la Casa Real para recuperar el respaldo perdido y volver a acercar al monarca a la gente. Es más que discutible que lo haya logrado, ya que después de su emisión se habla más de las preguntas que Hermida no le hizo que de lo que dijo. Lo que se demanda es más transparencia, apertura y naturalidad.