Devaluación interior a la española

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

16 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En Alemania hay siete institutos de investigación económica de gran reconocimiento que tienen entre sus funciones asesorar al Gobierno en asuntos de política económica. Ante la crisis del euro y de la deuda, estos institutos formularon la teoría de la devaluación interior para los países con mayores desequilibrios económicos dentro de la UE. En apretada síntesis, esta teoría señala en nuestro caso que desde la entrada en la moneda común, el euro, en España los precios han subido más que la media de la Unión, lo que ha provocado una pérdida de competitividad de las empresas. Un diferencial que han cuantificado en un 25 %. Antes este desequilibro se corregía con la devaluación de la moneda, la peseta, pero ahora con el euro esta devaluación competitiva de carácter monetario ya no es posible. Y por eso se propone la devaluación interior: reducir los precios de los productos forzando una dolorosa reducción de las rentas del conjunto del país, especialmente los salarios. Y eso es lo que, en la teoría, está haciendo el Gobierno de Rajoy, solo que aplicando la versión española. Porque la derecha española no ha querido entender el alemán y solo aplica la primera parte de la estrategia devaluadora: baja los sueldos de la gente, pero no los precios.

Los pensionistas, los empleados públicos y los del sector privado, los desempleados llevan tiempo sufriendo reducciones o congelaciones de sus salarios, pensiones o prestaciones, pero los precios no solo no bajan, sino que en demasiados casos se están incrementando. Lo dice el IPC, que fue el 3,2 % en el 2011 y que va a cerrar por encima del 3 % en el 2012. Y lo dice el bolsillo de la gente, en especial estos días en los que el inicio del año nos trae fuertes subidas del autobús urbano, de la luz, los transportes o las autopistas.

Y eso no vale. Es hacer trampa. Porque si los costes laborales bajan para producir los bienes y servicios de forma más barata pero después los precios no bajan, no se mejora la competitividad, ni de las empresas ni del país. Lo único que se produce es una transferencia de rentas: los asalariados cobran menos para que las empresas ganen más. Pero eso no las hace ni más competitivas ni les permite ganar cuotas de mercado en la exportación para aumentar ventas y por lo tanto crear empleo.