Un pan como unas tortas

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

15 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Imagínese usted mismo. Imagine que está pagando una hipoteca. Durante todo el año estuvo metiendo dinero en el banco para hacer frente a los vencimientos. Como la cosa no está para mucha liquidez, prescindió del vino que le gustaba, dejó de salir a cenar con su pareja y lleva una vida monacal: cada euro que no gasta, a la hucha. Después de tanto funcionar como la hormiga del cuento y tanto sacrificio, llega la comunicación del banco y le dice que su hipoteca es mayor, porque le debe más dinero que el año pasado. No hace falta que me diga qué pasó por su cabeza: le entrará complejo de tonto.

Pues algo así nos acaba de ocurrir a todos con nuestra famosa deuda pública. Después de echar a miles de profesores, después de recortar la sanidad, después de subirnos las retenciones del IRPF, después de hacernos pagar todo más caro porque han subido el IVA, y después de hacernos más pobres porque ganamos menos y pagamos más, resulta que debemos más dinero al exterior que hace un año. Discúlpenme la osadía de inculto que se atreve a entrar en materia tan complicada, pero no queda más remedio.

Primero, para buscar al responsable. También el Gobierno central tiene derecho a la presunción de inocencia, pero los datos son los datos. Después de un largo período de acusaciones de dispendio a las autonomías, resulta que quien más aumentó la deuda es la Administración central. Permítanme que diga que se veía venir, porque los recortes han sido en servicios que pagan las comunidades. Al Gobierno de la nación no le hemos visto más que un uso entre filosófico y amenazante de la palabra austeridad. El gasto esencial sigue siendo el mismo.

Segundo, el juicio político. Desde el comienzo del mandato de Rajoy se nos dice que el origen de todos los problemas es el endeudamiento, y a él se supedita la política económica y social. Si, pasado un año, el déficit del Estado desciende, pero aumenta el endeudamiento, hemos hecho un pan como unas tortas: el Estado tiene agujeros por donde se le escapa el dinero. No se puede hablar de éxito de gestión. Se entiende la actitud del ministro Montoro, que amenaza a las empresas informativas que tienen deudas con Hacienda y blande la publicación de los nombres de defraudadores y morosos para aumentar la recaudación.

Y tercero, lo que viene. Si la actividad económica no crece y por tanto no hay ingresos naturales, de alguna parte habrá que extraer para aliviar la deuda. ¿Y de dónde se extrae? De su bolsillo de usted y del mío. Estas son las cuentas del aldeano. De Rajoy, no, porque es de Pontevedra. Y en Pontevedra dicen que no hace falta ningún rescate. Debe de ser porque lo podemos evitar exactamente usted y yo. Enhorabuena. Es usted un héroe nacional.