Un nuevo ciclo

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias VALOR Y PRECIO

OPINIÓN

27 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Clausurada al fin la gran cloaca de las elecciones catalanas, lo inesperado y complejo de sus resultados dan para todas las interpretaciones. Parece que el peligro más temido por la sociedad española -la amenaza de un proceso secesionista de tomo y lomo en el corto plazo- ha quedado en buena medida conjurado. Una interpretación de urgencia da la razón a aquellos que opinaban que no es consistente ni perdurable un cambio tan brusco en la opinión pública: si las encuestas decían hace seis meses que un 25 % de los catalanes apoyarían la secesión, que en tan poco tiempo ese porcentaje se haya doblado más bien sugeriría la imagen de la marea que sube? y baja. En cualquier caso, todo indica que la política catalana girará en el próximo futuro, más que en torno a invocaciones -o distracciones- patrióticas, sobre asuntos más a ras de tierra, como la elaboración del presupuesto o el estado de los servicios públicos.

Lo que no quiere decir en absoluto que el gran problema territorial planteado haya quedado atrás. Cualquiera que haya visitado recientemente Cataluña sabe que los cambios en la mentalidad de quienes allí habitan son profundos, y que la distancia psicológica frente a los asuntos españoles es grande en amplios sectores, sobre todo los jóvenes. Por eso puede ser un error gigantesco intentar pasar página como si nada, olvidando que, aun habiendo fracasado el plan de Mas, los partidos soberanistas han vencido en las elecciones, y ello a pesar de la movilización de la periferia barcelonesa, sin precedente en unas elecciones autonómicas. Lo que ha ganado la política española -y no es poca cosa- es algo de tiempo para afrontar de un modo más sereno la inevitable reforma del modelo territorial (que a estas alturas difícilmente puede conducir a otra cosa que a un genuino modelo federal). De no hacerlo, la marea volverá, con una carga mucho más destructiva.

Pero el 25-N tiene otra implicación, de carácter muy diferente, sobre la que se habla mucho menos: estas han sido las últimas elecciones de un ciclo comenzado cuando el Gobierno central era todavía socialista. Para el conjunto de España ahora vienen un par de años sin procesos electorales pero, presumiblemente, con enormes complicaciones en el panorama económico y social. Será un tiempo interesante para observar la recomposición de los partidos y sus estrategias (en el caso del socialista, esto constituye una obviedad), con el trasfondo de un malestar social creciente. No parece improbable que, cuando el siguiente ciclo electoral culmine, el panorama político y el comportamiento de los votantes sea bastante diferente del que ahora vemos. Lo difícil, desde luego, es atisbar en qué sentido.