Artur Mas en la recta de tribuna

OPINIÓN

E stos día me acuerdo mucho de García-Trevijano, aquel promotor de cambios y repúblicas de finales del franquismo a quien su historia personal llevó a una posición hipercrítica con la transición. Su tesis favorita era que la Constitución de 1979 es ilegítima, porque en vez de emerger de unas Cortes constituyentes, como mandan los cánones, fue obra de una Asamblea legislativa (la de 1977) elegida en un ambiente de rechazo -más o menos confuso- a la ruptura democrática.

Siempre me pareció extraño que aquel batallador corajudo, que tanto había agitado el final de la dictadura, fuese incapaz de diferenciar entre el hecho político de la transición y los instrumentos jurídicos que dan forma y viabilidad a una indeclinable decisión de cambio. Y hasta he llegado a pensar que García-Trevijano podría ser el paradigma que explica muchos dictámenes constitucionales que, derivados de una burbuja académica o jurisdiccional compuesta de principios y silogismos que giran sobre su propio eje, no aciertan a entender aquello que, de viejo que es, ya lo dijo Cristo: «No está hecho el hombre para la ley, sino la ley para el hombre».

Mi admiración por García-Trevijano es descriptible. Pero hoy quiero usar su recuerdo para ilustrar el arte de triles que empleó Mas en Cataluña, quien, haciendo un camino inverso al protagonizado por Suárez en 1977, convocó como Parlamento constituyente -el que ha de poner las bases del Estado catalán- lo que solo es la 11.ª legislatura del Parlamento de Cataluña. Claro que, usando la argumentación que acabo de hacer en el párrafo anterior, también Artur Mas puede argumentar que su acción política está llamada a trascender el inmovilismo insoportable de los picapleitos españoles. Pero ahí es donde comete un fraude tan rastrero como evidente. Porque lo que de verdad intenta CiU no es transformar en constituyente una Asamblea legislativa, sino usar un señuelo constituyente -el de la independencia de Cataluña- para ganar unas elecciones legislativas con mayoría absoluta, para poner a cero la cuenta de la legislatura, y para que CiU pueda gobernar con absoluto rigor y cerrar la cuenta en positivo antes del 2016.

Y eso es una trampa saducea. Así se lo dicen los partidos independentistas, que están viendo cómo se les quiere robar la cartera simulando como objetivo nacional lo que solo es una estrategia de partido. Así lo ven el PP y el PSC, que no aceptan que se eluda el debate sobre la realidad y el gobierno de Cataluña a cambio de prometer un utópico paraíso perdido. Y así lo ve la UE, que, opuesta siempre a los trileros, ya dejó claro que no se puede salir por delante para volver a entrar por detrás. Por eso espero que las encuestas acierten y CiU se quede sin mayoría absoluta. Porque han revestido de épica e historia lo que no es más que un truco partidario.