¿Existen dos tipos de desahuciados?

José Antonio Vázquez Taín TRIBUNA JUEZ

OPINIÓN

La avalancha informativa que nos inunda estos días respecto al desgraciado fenómeno de los desahucios me impone la siguiente pregunta: ¿por qué una familia que se queda en la calle por no poder pagar al banco es un drama social, y la que se queda en la calle por no poder pagar la renta al casero no lo es? O algo se me escapa, o yo creo que si la tragedia es el desalojo de unas personas a las que se priva de domicilio, la situación es la misma, salvo que cada día se ejecutan muchos más desahucios por falta de pago de las rentas que por impago de hipotecas. No podemos consentir la existencia de desahuciados de primera y de segunda.

Las razones por las que existe un clamor en contra de los desahucios derivados de la Ley Hipotecaria es claro y comprensible. Tenemos una indiscutible tragedia humana, personas que se quedan en la calle, sin casa. Tenemos un culpable al que imputar la desgracia, la banca, que precisamente está pasando por sus momentos más bajos de popularidad. Y tenemos propuestas de medidas, que no van a suponer ningún costo al político que las adopte. Ingredientes idóneos para hacer causa común y política fácil. Sea la dación en pago, sea la suspensión de desahucios, sea la moratoria en las cuotas, el Gobierno no efectuará desembolso alguno y la banca recuperará lo dejado de ganar, subiendo los intereses a los que sí disponen de ingresos para afrontar sus hipotecas. Es decir, la banca no perderá nada, y el gobernante no arriesgará nada, pero no se solucionarán ni la mitad de los desahucios. Mala solución. Frente a un problema social se deben adoptar soluciones sociales, no jurídicas, y tratar a todos por igual. Pero eso significaría luchar contra la causa de los desalojos de uno y otro signo, que no es otra que la crisis y el paro, y contra eso poca solución hay.

Con relación a los préstamos hipotecarios, sé que lo que voy a decir no es más que un brindis al sol, pero me lo impone la conciencia. Durante años, a los jueces se nos impuso por ley que el contrato de préstamo hipotecario era verdad revelada y que había que imponer su cumplimiento a sangre y fuego. Por eso mis compañeros reclaman dejar de ser «cobradores del frac». Nos habían privado de la facultad de analizar las cláusulas del contrato en cada supuesto, y poder corregir abusos y excesos. Si se va a modificar la Ley Hipotecaria para seguir imponiendo normas genéricas, sin permitirnos ejercer un verdadero control jurídico de las circunstancias concretas de cada caso, pasaremos de unas injusticias a otras injusticias. No se debe caer en la tentación de reformar la Ley Hipotecaria pensando en la crisis actual. Se debe regular una buena ley para situaciones normales y dejar que los jueces la adapten a cada circunstancia.