Al electorado que huye, puente de plata

Antonio Izquierdo y Carlos Rodríguez TRIBUNA

OPINIÓN

01 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El análisis de las elecciones en Galicia forma parte de la interpretación del conjunto de la crisis. Pues si cuando los ciudadanos sufren y saben por qué, en lugar de aumentar la participación, lo que sucede es que disminuye, algo falla en el sistema de partidos y en la configuración de la democracia. Por eso, el análisis de las elecciones se puede enfocar desde las élites y desde la ciudadanía. Y cuando se limita a la distribución de escaños, lo que se impone es la perspectiva analítica de la clase política. Al igual que sucede con la prima de riesgo que refleja los intereses de la élite financiera, pero no los de trabajadores y consumidores.

El PP sube, el PSdeG y el BNG se descalabran, en apariencia, por AGE. La conclusión es que el PP obtiene un espaldarazo a sus recortes y a los otros les queda una larga penitencia. ¿Es todo? No lo es. Es la mirada de la élite política. Ensayemos otra.

Si descontamos el efecto de la variación del censo electoral y, después de hacer algunas agregaciones, comparamos porcentajes sobre el total, resulta que:

1.- Los partidos que han ejercido el gobierno de España (PP y PSOE) pierden 13,7 puntos porcentuales. La mayor parte de esa pérdida se debe al desplome del PSdeG, pero el PP también pierde peso sobre el censo.

2.- La suma de los nacionalistas con representación parlamentaria más Esquerda Unida gana poco más de 2 de aquellos puntos. En otras palabras, Galicia tiene un ritmo lento en la conformación política del nacionalismo, pero no constituye una anomalía. En esta crisis el consumo de símbolos es el que está compensando, por el momento y para simplificar, los recortes materiales y la falta de ideas.

3.- El conglomerado de fuerzas políticas que no tiene ni va a tener representación parlamentaria duplica su peso en el censo, ganando otros dos puntos.

4.- Y el grueso del crecimiento que compensa la pérdida de PSOE y PP va a parar a la desafección más o menos activa. La mayoría son abstencionistas, pero la suma del voto en blanco y el voto nulo ha duplicado su peso respecto del 2009.

En resumen, aumenta la dispersión del voto fuera de los dos grandes partidos. Primero hacia AGE (que son cuatro fuerzas políticas) y luego hacia otros partidos menores, pero, por encima de todo, se pierde voto computable, principalmente hacia la abstención. Perder casi 14 puntos sobre el censo y que tres cuartas partes de esa merma se retiren de la escena de las candidaturas no puede dejar indiferente.

Así, los partidos que nuclean la política española se deslizan por una tendencia negativa que favorece una considerable pérdida de voto válido (computable para el reparto de escaños) y, secundariamente, su dispersión en voto no útil. La evidencia del crecimiento del PP en número de diputados no debe ocultar el puente de plata tendido a los electores que huyen.

¿Por qué el electorado huye de los grandes partidos y lo hace hacia fuera del abanico de las ofertas electorales? Bien porque percibe que se dedican a defender sus intereses por encima del interés general y del de sus propios electores. Es decir, porque en lugar de construir instituciones inclusivas para que todos accedan a los recursos participativos, las convierten en extractivas en su beneficio. O bien, y es la segunda hipótesis, porque las élites políticas han perdido el pie de las novedades que recorren la sociedad y se muestran desfasadas. La primera remite al desacople entre partidos y electorados, mientras que la segunda demanda sintonizar la democracia con los cambios económicos y socioculturales.

El PP puede instalarse en la ilusión de las mayorías absolutas nacional y gallega, sin desvelar la razón de sus fracasos en el País Vasco y previsiblemente en Cataluña, que no es otro que el trato con o al nacionalismo. Y el PSOE, acogerse a la tradición de las siglas. Pero uno puede perder los escaños y, el otro, la hegemonía cultural.

En definitiva, lo que nos importa a los ciudadanos es que el ejercicio profesional de la política active -y no inhiba- los recursos participativos y productivos de la población. Un ejemplo es la contradicción entre la enorme inversión formativa del conjunto del país y la incapacidad del sistema económico para emplearlo adecuadamente. Eso debería dar que pensar a quien pretenda liderar algo en Galicia y también en España.