De mala o de buena índole


Cada uno es fruto de su tiempo. Si la juventud del portavoz popular en el Congreso obliga a su memoria a asociar exclusivamente manifestación con Batasuna, es que su tiempo lo ha vivido con cierta perversión para entender la realidad.

Joven y todo, habrá participado en manifestaciones contra el terrorismo, el matrimonio homosexual o el aborto, entre otras. Probablemente habrá participado y organizado el boicot a los productos catalanes, la ley de igualdad, o la campaña en contra del Estatuto catalán, e incluso contra la, por entonces hipotética, subida del IVA.

Quizá no, o quizá sí, se movió en esa plaga de nuevas generaciones y juventudes partidarias que con estúpida alegría utilizan redes sociales para la mala índole y la confrontación ideológica. Vean al soberanista presidente Mas, de derechas, otrora socio de recortes con los populares de partido, convertido en oficial de las SS nazis por un agente popular, juvenil, catalán. Empeñado en hacer méritos ante su mayores, emulando a tantos que alcanzaron con tales esfuerzos buenos resultados para sus carreras políticas. Pues de tales juventudes y generaciones se nutren aparatos, cargos de confianza y asesores de la nada de libre designación. En cualquier caso, por todo o por parte, al portavoz popular en el Congreso nadie lo tildó de antidemócrata o antisistema. Tampoco de ser de extrema derecha.

Al igual que le sucede al inefable Wert, experto en eufemismos, que bajo ocurrencia de liberal, y ausente Esperanza Aguirre, españolea y españoliza tal que profesor de Formación del Espíritu Nacional de los sesenta, o carlistón del siglo XIX. A la vez que descalifica como izquierda radical antisistema a alumnos y a padres que protestan por su planificado deterioro de la enseñanza pública, y alardea de recetas de coste-beneficio educativo propias de Lehman Brothers, de tan benéficos y acrisolados resultados para evasores fiscales y poderes financieros que viven de lo público. Deleitando a la vez a propios y extraños con su catalán en la intimidad.

Este breve repaso por la índole política no puede olvidar el grito de guerra, con resabios chavistas, de mi presidente, el de Galicia: «Muevan el culo», dirigido a esos empleados públicos de Navantia -de libre designación popular, supongo-, incapaces de aportar pedidos para una industria gallega ejemplar. Así se entiende la complacencia exhibida por el conselleiro de un ramo exiguo -Economía e Industria-, al declarar su orgullo, a la luz de los floteles mexicanos, por ser «el director comercial de Galicia».

La buena o la mala índole es préstamo. Pero no de Javier Marías, sino de un espléndido tenor, molinero y empresario del ramo de alimentación (gaseosas, sifones y boliches), amigo de mi padre, que me enseñó, -con la aquiescencia de don Marcial, el juez-, que los humanos se dividían en bien o mal indolados. Siendo la clasificación por cuenta de cada uno.

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