Dos velocidades

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias VALOR Y PRECIO

OPINIÓN

14 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En la marea de comentarios y análisis sobre las causas de la catástrofe que vivimos, con frecuencia pasa desapercibida una de sus claves: la temporal. El asunto podría resumirse así: los dos vectores principales que fijan el territorio de las decisiones económicas -es decir, la acción de los Gobiernos y los mercados de capital- presentan dinámicas muy diferentes en muchos aspectos, pero, sobre todo, marchan a velocidades radicalmente distintas. Si la toma de decisiones en los mercados es directa y ultrarrápida (su dominio de las tecnologías de la información lleva a que se hable de algo ya inasible, los nanosegundos, para describir su funcionamiento), la política democrática es por su propia naturaleza compleja, deliberativa y lenta; y si no lo fuera tendríamos otro tipo de problemas.

Pues bien, en ningún ámbito como el de la Unión Europea se produce tan intensamente esa disparidad, con resultados desastrosos. La historia de la UE y de la eurozona está llena de procedimientos enrevesados (con frecuencia necesarios para evitar vetos), grandes retrasos e incluso vueltas atrás sobre lo ya decidido. De esto último hemos tenido en las últimas semanas un lamentable ejemplo, con la retirada parcial y el aplazamiento (hasta el que para estos asuntos parece tan lejano 2014) del proyecto de unión bancaria.

Esa ambiciosa propuesta, que a estas alturas parece inexcusable para completar la unión monetaria y para vencer la crisis financiera en el continente, fue aprobada con muchas dificultades antes del verano. Ahora, sin embargo, las autoridades alemanas parecen haberse dado cuenta del peligro que representa para sus nada sanos bancos regionales el que sean escrutados por un agente externo e independiente, pues una de las novedades propuestas es el establecimiento de una única estructura europea de regulación y supervisión bancaria, algo de sentido común, sin lo que nunca se debió de poner en marcha el club del euro. Por desgracia, una vez más, los órganos de la UE han aceptado la presión alemana y todo queda en suspenso. De nuevo, tejer y destejer. Pero la voracidad y el vértigo de los mercados no esperan.