Política frágil y distante

X. Álvarez Corbacho LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

11 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando el grajo vuela bajo el discurso político es vulgar, descalificador y se aleja de la realidad. Y eso es fracaso democrático. Pero si la política roza la emergencia, las estructuras básicas de la sociedad no pueden desmoronarse. La crisis afecta ya a familias (desempleo, emigración, menor renta), a empresas (globalización, ajustes para adaptarse al nuevo consumo e inversión) y a las Administraciones públicas (con recortes, menores ingresos, demolición del Estado de bienestar). El paro aumentó en septiembre en 79.000 personas y la Seguridad Social perdió 86.000 cotizantes. Los costes del desempleo quiebran el escenario macroeconómico del Gobierno. Y todo eso deteriora la convivencia. Las explicaciones son insuficientes y no se analiza la arquitectura de la UE, ni la capacidad y límites del Estado y comunidades autónomas para modificar la situación. Abunda la resignación y se vislumbra una sociedad futura más pobre, más desigual, más injusta y probablemente más resignada.

Pero además de la crisis y de sus consecuencias sobre personas e instituciones, los partidos políticos deben afrontar los retos secesionistas de Cataluña y del País Vasco. Nos afecta a todos y genera rupturas y desorientación. Por eso las respuestas no deberían ser precipitadas ni extremas (imposición del nacionalismo español, contumacia de los nacionalismos territoriales, asimetrías generadoras de malestar en el resto de las comunidades autónomas, etcétera). La negociación política, la prudencia y el manejo de los tiempos son instrumentos adecuados. Recurrir al silencio o subvalorar el problema sería error lamentable de consecuencias insospechadas. Los partidos y las instituciones que fundamentan la vida social están obligados a expresar su posición y trabajar por la concordia.

¿Son los partidos conscientes de estos déficits que afectan de modo directo y complejo a nuestra convivencia? ¿Analizan y debaten con rigor e inteligencia su naturaleza y efectos? Y si así fuera, ¿existen propuestas correctoras sólidas que se explican con pedagogía suficiente? ¿Preocupa a los partidos políticos la forma de financiarse? ¿Y cómo deberían afrontar sus problemas de clientelismo y corrupción? ¿Sancionan las mentiras de sus gobernantes? ¿Buscan la excelencia política y organizativa? Porque todo esto es ya exigencia inexcusable. Aunque algunos no quieran enterarse hasta el desastre final.