Votar en tiempos agónicos

X. Álvarez Corbacho LA ACTUALIDAD

OPINIÓN

Las elecciones gallegas son oportunidad magnífica para que los partidos políticos expliquen a los ciudadanos muchas cosas. Como es fácil advertir, esta obligación se hace más exigente en tiempos de agonía económica donde no cabe la frivolidad, el eufemismo o el engaño. El ciudadano contribuyente necesita con urgencia diagnósticos convincentes y soluciones esperanzadoras. Por ejemplo, si unos afirman que Galicia es la comunidad más solvente de España, están obligados a demostrarlo con cifras y argumentos. Y si otros prometen el oro y el moro, deben explicar cómo se concilia el equilibrio presupuestario y los incentivos que favorecen el crecimiento y el empleo. O sea, lo que debería ser normal aparece hoy como excepción y dificultad.

En lo que atañe a la solvencia de la comunidad, conviene recordar algunos hechos objetivos que parecen incuestionables. Así, el endeudamiento financiero de la Administración gallega sumaba al inicio del 2009 un total de 3.954 millones de euros (7 % del producto interior bruto). Cuando este año finalice, esa deuda alcanzará los 7.835 millones (14 % del PIB). Esto significa que la deuda financiera se ha duplicado en el período 2009-2012. Pero esto es solo una parte de la historia. La comunidad gallega se endeudó también con empresas, a través de contratos de colaboración público-privados, que suman en la actualidad 3.948 millones. Y a todo ello hay que añadir los 2.000 millones de euros que la comunidad también debe al Estado por anticipos excesivos. En total, 13.783 millones de euros, equivalentes al 24 % de nuestro PIB. Una deuda respetable envuelta en un silencio elocuente y clarificador. Una deuda que en parte no computa en la Unión Europea, pero que existe. Una deuda que afecta a la solvencia financiera de la comunidad e hipoteca las decisiones de Gobiernos futuros.

Finalmente, interesa subrayar que reducir gastos, subir impuestos y permanecer expectante para que alguien haga fluir la fuente del progreso y de la felicidad, es ya un fracaso constatado. Nuestros cuerpos ya aprendieron que esas decisiones solo traen dolor, depresión, paro y más déficit público. Como sabemos también que si una crisis financiera genera crisis económica y esta una crisis política, que a su vez agrava la crisis económica y financiera, estamos en situación de emergencia. Los poderes se desnudan. La política esconde infelicidad excesiva que también produce la economía. Y los más avisados aprenden con rapidez que la dignidad humana y la calidad democrática son hitos imposibles si fallan los pactos básicos y la decencia.