¡Que viene el lobo!


U n grupo de alumnos del colegio público de Seoane do Courel fueron galardonados este fin de curso con el segundo premio de un concurso de investigación científica para escolares, por un trabajo sobre la población de lobos de la sierra. El trabajo trató de determinar si en la sierra de O Courel existe actualmente una población de lobos, así como analizar, mediante encuestas, la opinión de los vecinos sobre el lobo. El jurado que les otorgó el premio alabó, además del contenido del trabajo, la exposición del mismo y el análisis de su vertiente social, tan importante en la conservación.

Con la colaboración del equipo directivo del centro, los niños, de segundo curso de ESO, trabajaron bajo la supervisión de su profesora de Biología. El asesoramiento científico corrió a cargo de un investigador posdoctoral gallego, actualmente en Suecia, con el que se comunicaron utilizando, en algún caso, los recursos de la Estación Científica de la Universidade de Santiago. Esta es la razón por la que he seguido la cuestión y por la que sé que todos dedicaron tiempo adicional al diseño y ejecución del trabajo, más allá de sus obligaciones.

En contra de mi tendencia habitual, no les hablaré de la conservación de la naturaleza, aunque, en mi opinión, ese grupo de niños tienen mucho que enseñar a los actuales gestores de la conservación. Lo que me preocupa es que, según nos cuenta la prensa, la Administración educativa también va a sumarse al homenaje a estos niños del medio rural premiándolos con el cierre de aulas en setenta colegios, incluido el de O Courel. La razón es, cómo no, económica y creo que es de justicia pedir que la Administración haga público el coste de mantener esos recursos y los ciudadanos valoremos ese gasto frente a otros.

Les aseguro que esto de la crisis me tiene totalmente desorientado y creo que no soy el único. No entiendo a quién se refieren exactamente nuestros gobernantes cuando dicen que de la crisis se sale trabajando más: a los niños, a la profesora o al investigador. Tampoco sé por qué las familias no pueden gastar más de lo que tienen y los bancos sí. Lo que tengo claro es que a esas preguntas no se responde cerrando colegios rurales, bajando el sueldo a los profesores y haciendo que nuestros investigadores se queden en Suecia.

Por insignificante que les parezca la cuestión, creo sinceramente que la historia de este trabajo es un buen ejemplo de esfuerzo personal frente a la pereza intelectual de quienes nos gobiernan. No dudo que haya que priorizar, y tiene que ser muy difícil decidir entre el rescate a los bancos o el cierre de unas aulas; sin embargo, no parece muy inteligente tratar de presentar los recortes en la educación de la población rural, en los profesores y en la investigación como una mejora en el sistema. Hay que tener mucha cara.

Con todo, lo que más me gusta es que, con su habitual perspicacia, los niños ya nos lo habían advertido: ¡que viene el lobo!

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¡Que viene el lobo!