La importancia y la grandeza de Cela

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

01 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

S oy y me siento gallego. Soy también, y toleren mi discrepancia los ortodoxos de la cultura «izquierdonacionalista», de Camilo José Cela. Nunca he entendido el simplismo de algunos, que se han apurado en minimizarlo: como si el genio, que se levanta sobre el tiempo y contra él se rebela, no hiciese caso omiso a los mandarines del estrellato cultural. Alguno ha dicho que valía más un verso de Federico García Lorca que toda la obra de Cela. Es lo que tienen los marchamos ideológicos, que te dejan tatuado en la piel y en el alma el óbolo de la injusticia, el partidismo, la intransigencia? y también de la necedad palmaria. Resulta curioso que el único nobel gallego fuese repudiado por parte de la intelectualidad correccionista gallega, tan de contubernio, tan de insidias y felonía, tan de conjura contra los disidentes. Todos los sectarismos son malos. En literatura son, también, suicidas.

Eso es lo que se ha intentado antaño con el maestro Cela: la negación. Lo han hecho por fidelidad al dogma: no era de «los nuestros». Ya saben, tan de aquí, tan instalados en el círculo perfecto de lo diferenciado: por eso preferían el verso de un andaluz que toda la obra de un gallego, qué paradójico. Pero no son los apologetas de la cosmética, esos que se pintan con los colores de la doctrina cultural al uso (siempre de izquierdas y nacionalistas, insisto), el centro de esta columna: el centro es Camilo José Cela. Está de actualidad su nombre, desafortunadamente no su obra.

Me he preguntado muchas veces cómo Galicia ha permitido que se llevasen otros la gloria del nobel gallego. Cómo hemos pecado de desidia y no lo reclamamos con mayor insistencia, con coraje y orgullo propios. Nos ha pasado lo mismo con Torrente Ballester, Valle Inclán, o con el Cunqueiro que no escribió en gallego. Hemos pensado que no eran de los «nuestros». Es una de las mayores equivocaciones de la historia cultural de Galicia.

Por ello, en estos días de malas noticias en torno al nombre de Cela, yo quiero reivindicar lo que de él importa: su obra, la holgura y distinción de su prosa, el alto talento. Lo requiero una vez más como parte del patrimonio de Galicia. Reivindico su nombre, en contra de todas las actualidades de herencia o de juzgado. Reclamo, sin más, la importancia y la grandeza de Cela.