Ridículo

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Hace poco menos de cinco años Zapatero se vanagloriaba de que la economía española jugaba en la Champions League, cuando en realidad se estaba gestando el desastre. Pero nuestros políticos no aprenden. El ridículo es contagioso. El número dos del PP en el Congreso, Rafael Hernando, presumió ayer de que, en solo seis meses, Rajoy ha vuelto a situar a España entre los países de la primera división de Europa. Lo decía a raíz de la reunión de Roma, en la que el presidente participó junto a Merkel, Hollande y Monti. Es cierto que salir en esa foto es positivo. También el plan acordado, eso sí sin ninguna concreción, para destinar 130.000 millones al crecimiento. Pero Rajoy también se trajo de la capital italiana el no rotundo de la canciller a inyectar el dinero del rescate directamente a la banca.

Desgraciadamente, y pese a lo que podría indicar la foto, España no está ni en la primera división de la UE ni ha entrado en el núcleo duro de decisión del euro ni el encuentro de Roma es la panacea que han querido vender algunos. Rajoy fue un convidado de piedra entre la todopoderosa Merkel, que es la que manda con mano de hierro; el batallador Hollande, el único que puede arrancarle alguna concesión; y el acompañante Monti, también con el agua al cuello.

España es un país en recesión, con un lacerante récord de parados, que se ha visto obligado a pedir un gigantesco rescate bancario y que trata de evitar el total. En realidad, es una bomba de relojería dentro de la eurozona. Sacar pecho en esta situación dramática es un error garrafal y una burla. Como ridículo resulta decir ahora que Rajoy planta cara a Merkel. Necesitamos realismo, no triunfalismo absurdo.