Nacionalizar las ruinas


La banca está ardiendo, con lo cual es poco aconsejable meter en las llamas manos inexpertas como la mía. Pese a todo, y con las debidas cautelas, algo hay que decir. Hay que decir algo, porque no se entiende que hayamos pasado de tener el sistema financiero más sólido del mundo a estar en situación de alarma, precisamente por ese magnífico sistema financiero. Y hay que decir algo, porque la crisis de Bankia y lo que pueda venir detrás es un golpe letal a la ya precaria situación de la economía. No hay más que ver cómo subió ayer la dichosa prima de riesgo y cómo se volvió a hundir la bolsa, de puro pánico entre los inversores.

Y lo que este cronista quiere decir es lo siguiente. Primero, que, si España aparentaba tener un sistema bancario sólido, digno de todos los elogios, y ahora es la raíz de la crisis, algo falló: o la información de los propios bancos enfermos, o el control del Banco de España. Si han sido los bancos afectados por el ladrillo y demás tóxicos, sus directivos han engañado a los poderes públicos. Se les debe exigir responsabilidad, y no dejarles que disfruten las escandalosas indemnizaciones con que se han retirado. Si ha sido el Banco de España, nos debe al menos la explicación de si obedecía a instrucciones políticas o si esa entidad no está dotada para sus funciones de vigilancia y control.

Segundo, el caso Bankia, causante directo del último sobresalto. Los responsables del desenlace de esta entidad no lo pudieron hacer peor. Fue un auténtico suicidio promover, impulsar o autorizar la fusión con Bancaja, auténtico nido de tóxicos y agujeros contables. El común de los mortales lo sabemos ahora. Los encargados de esa gestión tenían la obligación de saberlo en su momento. Da la impresión de que se hizo una fusión a ciegas, por el mero hecho de sumar, creyendo que el tamaño lo resolvería todo, y por el absurdo orgullo de ser de los primeros en convertirse en banco y cotizar en bolsa.

Tercero, la información de la irrupción del Estado en esa entidad. Se hizo también con los pies, con declaraciones precipitadas y sin orden, sin nadie que diera una explicación a clientes y accionistas, y dejando al banco al albur de los rumores. ¿Quién se puede extrañar de lo ocurrido estos días?

Y cuarto, la solución que ahora se propone: nacionalizar la matriz de Bankia, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), que es donde está el agujero patrimonial. Supongo que técnicamente es la mejor salida. O quizá la única. Pero no impide una conclusión: al final, se nacionalizan (es decir, se pasan a propiedad de todos) las pérdidas y las ruinas. Si es por salvar el sistema, habrá que aceptarlo por el bien del país; pero a ver si alguna vez nacionalizan beneficios.

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