Hechos como el de YPF en Argentina ponen en entredicho la economía global que, por otra parte, ya hacía agua. ¿Cómo las empresas van a internacionalizarse para ser globales? La inseguridad jurídica es el peor enemigo del inversor. Ya cuesta de por sí adaptarse a las diferentes reglas de juego de cada país como para que pasen cosas como esta, donde no tienes seguro ni la propiedad de tus inversiones.
La economía global lleva consigo, además, una injusticia debida a las diferencias salariales de producción entre unos lugares y otros. Producir a niveles salariales y de calidad de vida por debajo de la dignidad de las personas no debería estar permitido en un mundo global.
La producción a base de esclavitud, que parecía desterrada, está volviendo, y empresas occidentales admiten que las personas trabajen bajo condiciones laborales inaceptables en algunos de sus puntos de producción. Todo es válido cuando se trata de ser más competitivo que el resto.
Esto nos tiene que producir un rechazo y por ello la economía global está pidiendo a gritos un ordenamiento y unas reglas básicas que garanticen los derechos humanos, la equidad y la justicia.
Ni que decir tiene que los fenómenos especuladores de los mercados son también un mal a erradicar; es necesario promulgar unas reglas que acoten dicha especulación, pues falsea la economía y solo produce desequilibrios injustos.