Los hay tontos, muy tontos y tontos de capirote. Me incluyo en las tres categorías y me dejo acompañar por los gobernantes anteriores, la mayoría de los actuales y todos los teóricos grandes expertos de comunicación de este país. Ninguno de ellos leemos las leyes. Ni siquiera los que tienen que aprobarlas o las han aprobado en su tiempo. Lo demostró ayer Soraya Sáenz de Santamaría al dar a luz la salida al bloqueo que sufre Radiotelevisión Española.
Resulta que todos estábamos convencidos de que la ley del 2006, creación de Zapatero, preveía que la elección del consejo de administración y su presidente solo se podía hacer por mayoría de dos tercios del Congreso, con lo cual era preciso el acuerdo del Gobierno y el principal partido de oposición. Así se designó a Luis Fernández, que dimitió, y a Alberto Oliart, que también dimitió, como hicieron tantos de sus antecesores. A la presidencia (antes dirección general) de RTVE, José María Calviño le llamaba «potro de tortura» y debe ser verdad, porque casi ningún titular aguantó hasta el relevo. Todos, digo, estábamos convencidos de la necesidad de esa mayoría hasta que llegó algún lector de leyes y descubrió el truco del almendruco: en caso de bloqueo, al presidente y al consejo se les nombra por mayoría absoluta.
Con lo cual, asunto resuelto. Imagínense ustedes el cachondeíllo del entorno del Consejo de Ministros: tantos meses dándole al coco para resolver la situación, y la solución estaba en la ley. Si no ha sido exactamente así, lo parece. Con lo cual, que no se esfuercen más los cerebros del PSOE en buscar un mirlo blanco que guste a socialistas y al Partido Popular. En el día de ayer, cautivo y desarmado el comando Rubalcaba, las huestes del PP han comenzado a tomar otra loma de poder: la radio y la televisión públicas. Si basta la mayoría absoluta, la tienen. Y solamente un inocente de máxima inocencia puede imaginar que van a dejar una sola huella del zapaterismo.
¿En qué me baso para escribir esto? En las últimas críticas de responsables del Gobierno y su partido a los contenidos de TVE. Mientras la inmensa mayoría de la opinión publicada (no conozco sondeos de opinión pública) considera que nunca los informativos fueron tan neutrales, esos responsables del PP se consideran maltratados, manipulados o injustamente reflejados en los programas. Algunos de los comunicadores más beligerantes de la derecha alientan a Rajoy a la «toma», expresión literal, de Torrespaña, Prado del Rey y los centros territoriales. Se abre un período muy interesante. Rubalcaba pondrá el grito en el cielo. Soraya lo acusará de querer perpetuar su influencia. Y todos, expectantes a ver cómo se trata a la libertad de información.