Estrellas fugaces

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Primero fue Ricky Rubio. Y ahora Jeremy Lin. Las dos estrellas fugaces de esta extraña temporada de la NBA han enmudecido por culpa de las lesiones. Ricky venía de un curso regular en España. Y fue pisar la pista en Minnesota y volver a maravillar al mundo de la canasta, con sus asistencias imposibles. Rubio tiene la sexta marcha de vértigo de la NBA. Sabe jugar a esa velocidad de fábula hasta que chocó con Kobe Bryant y la rodilla saltó. Jeremy Lin, un chaval universitario, como suele ser habitual en muchos jugadores de baloncesto, pasó del sofá del piso de su hermano a alucinar al Madison Square Garden. El jugador de Taiwán de los New York Knicks hizo que hasta el director de cine Spike Lee se pusiese su camiseta en la grada y le saliese humo de las manos de aplaudir. Así fue durante su racha espectacular, hasta que la pierna izquierda dijo basta. Lin, siempre medido cuando habla, trata de ser optimista: «Menos mal que me pasó tras los triunfos, si llega a ser antes la lesión, tendría que luchar por recuperarme y para buscar un hueco como si fuese en la liga de verano [una competición menor]». Y es que la cara del deporte siempre está amenazada por la cruz de las lesiones. Es una metáfora de la vida. Primero, la salud y después todo lo demás.