La probable pérdida de Andalucía que adelantan las encuestas sería un paso más del PSOE hacia el abismo. Tampoco en Asturias parece factible que gobierne. Si se confirman los pronósticos demoscópicos, solo le quedaría el País Vasco, donde los sondeos auguran una próxima severa derrota a Patxi López. Ya con menos diputados y poder territorial que nunca en más de tres décadas, el vuelco andaluz lo dejaría noqueado. Y, además, no hay indicios de recuperación a corto plazo, pese a las duras medidas que está adoptando el Gobierno. Ni los recortes, ni la subida de impuestos, ni la reforma laboral, ni el debate sobre el copago, ni los drásticos ajustes que incluirán los Presupuestos, que Rajoy ha retrasado por interés electoral hasta después del 25-M, dan oxígeno al principal partido de la oposición. Incluso ve cómo el escándalo de los ERE fraudulentos pasa la lógica factura en Andalucía mientras el caso Gürtel no tiene consecuencias en la Comunidad Valenciana o Madrid.
Rubalcaba no logra desgastar a Rajoy, que despacha sus críticas con la herencia recibida o echándole en cara su pasado como número dos de Zapatero. De hecho, la oposición más dura la están haciendo Méndez y Toxo, que lo han desbordado y quitado un tanto el sitio. La situación es tan crítica que la gran esperanza del PSOE tiene nombre francés, François Hollande, que ha asumido el liderazgo de la socialdemocracia europea con el objetivo de horadar el muro Merkozy y mostrar que otra Europa es posible. Si vence a Sarkozy el ciclo conservador en la UE iniciaría su ocaso, lo que de rebote podría beneficiar a los socialistas españoles.