Poner a dieta al Estado

OPINIÓN

08 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

E stoy de acuerdo con Mariano Rajoy en que el Estado tiene que adelgazar. Pero, una vez adoptada la metodología organicista para diagnosticar el problema y ponerle tratamiento, espero que todos entendamos que las dietas milagro son peligrosas; que lo difícil no es perder peso, sino mantener el tipo; que el objetivo no se consigue si se pierde músculo o agua y se mantienen las grasas intactas; y que, si la dieta no es equilibrada, puede producir más problemas de los que soluciona. Así que vayamos por partes y a modiño.

Lo primero que hay que saber es que la grasa del Estado no está en las comunidades autónomas, sino en ese Madrid que, habiendo descentralizado el 60 % de sus competencias, siguió acumulando funcionarios y edificios, y añorando su poder de intervenir en todo y en todas partes, aunque para ello tenga que generar fricciones e irracionalidad a raudales. El Ministerio de Sanidad, por ejemplo, tiene que ser reducido a un tercio de lo que es. Y los de Educación y Cultura, ahora fusionados, tienen que dejar de entrometerse en las políticas autonómicas y transferir gran parte de sus recursos humanos y económicos a las Administraciones territoriales. Igual diagnóstico puede hacerse de Agricultura y Pesca, de Vivienda y de Industria, ya que sus políticas de coordinación, que siguen siendo relevantes, sus relaciones con la UE o sus promociones territoriales deberían moverse mucho más en el terreno de la política que en el de la gestión paralela, que es lo que ahora hacen y en lo que derrochan enormes recursos. Y esto son solo ejemplos.

En segundo lugar, decíamos, hay que tener cuidado con no perder músculo ni agua, sino grasa. Y por eso conviene recordar que el verdadero músculo del Estado -la educación, la sanidad, la agricultura, la ordenación territorial, muchas políticas sociales y asistenciales, y los equipamientos de proximidad- se ha ido a las comunidades autónomas, y que si vamos a lo fácil y adelgazamos por ahí podemos coger una anemia de alto riesgo. También hay que decir que muchas de las duplicidades advertidas en organismos públicos no pueden corregirse recentralizando en Madrid, sino suprimiendo los vestigios centralistas que se quedaron allí. Y en tercer lugar hay que recordar que la dieta brutal, como la que De Guindos le quiere poner a la periferia, no es buena, ya que sus rebotes inevitables se convierten en puro unto. Así que mucho cuidadito con las clínicas privadas que -como hizo ayer la UPyD de Rosa Díez- apuestan por la estética y el adelgazamiento rápido. Y mucha más atención a los politólogos que, habiendo renunciado a los beneficios que proporcionan los tratamientos estéticos, estamos preparados para trabajar la salud, y para tomar con cierta calma estos arrepentimientos gastronómicos que suelen seguir a la Navidad y el entroido.