E n Ucrania está siendo terrible. De los 220 muertos que causó el frío siberiano, 120 han sido allí. Tienen temperaturas de menos 32 grados. En Chequia el termómetro se hundió en menos 38 grados. Pero el hielo avanzó hacia España y dejó imágenes insólitas en todas partes. Atascos monumentales en Bruselas, con los coches patinando. La foto surreal de los canales de Ámsterdam cubiertos de copos de nieve. Particulares cavando zanjas para lograr salir de sus casas en Suiza. E incluso postales alucinantes en lugares como Roma que se asocian con el calor y en los que lo único frío que se te vendría a la cabeza son los helados con sabores. De una belleza difícil de narrar es ver las ruinas del Foro completamente blancas. O el Coliseo nevado. Tuvo que ser cerrado al público. En el Piamonte la temperatura fue de menos treinta. Y en Francia, en la Costa Azul, la nieve coqueteó sobre la arena de las playas con el mar. Cuentan con humor que una mujer no escuchó bien lo de Siberia y recomendaba abrigarse, «porque creo que se acerca un frío segoviano terrible». Y esa intensidad que no falla de la pregunta inocente de un niño: «¿Esa ola de frío que viene es muy alta?».