Baltar, el PRI y el PPO


Comencemos por las siglas. El PRI, o Partido Revolucionario Institucional, fue la fuerza política que dominó la vida mexicana durante prácticamente una centuria, dominio que era, sin duda, singular por el hecho de que en México había elecciones y había libertades. El PRI asentaba, por eso, su poder en una compleja trama de redes clientelares que le permitía ganar a sus adversarios de forma continuada y con la plena seguridad preelectoral de que siempre obtendría la victoria.

El PPO (Promoción Profesional Obrera) resultó uno de tantos montajes del franquismo, en este caso en su vertiente obrerista-populista, que, mediante impartición selectiva de cursillos de las especialidades más diversas, tenía por supuesto objetivo mejorar la preparación profesional de los obreros.

Y sigamos con Baltar. Cuando, ayer a media tarde, tuve la noticia de que el sempiterno presidente de la Diputación de Ourense abandonaba la política me invadió la misma sensación que habría tenido si alguien me hubiera contado, de repente, que las meninas habían desaparecido del cuadro de Velázquez. Pues eso será, decididamente, la política ourensana sin Baltar: como Las meninas, de Velázquez, sin meninas.

Baltar, genio y figura, que lo mismo tocaba el bombo mientras bailaba Imanol Arias (conservo la foto de marras como quien guardara un auténtico tesoro) que le plantaba cara al líder de su partido, ya presidente de la Xunta, construyó en su provincia (el posesivo debe entenderse en sentido literal) un sistema de dominio electoral que era una particular fusión enxebre del PRI y el PPO.

Del PRI tomó Baltar la manía de ganar siempre en la competición electoral a sus sucesivos adversarios basándose en una red de patronazgo, medio paternalista y medio autoritaria, capaz de resistir a la lógica natural del sistema democrático. Es verdad, claro, que su receta no era original (algo similar pasó durante años en las provincias andaluzas), pero pocos la aplicaron con la desvergüenza (es decir, con la falta de vergüenza) de Baltar, quien llegó a defender su fórmula mágica con la tranquilidad y seguridad con la que un profesor de autoescuela enseña a sus alumnos las señales: esta, stop; esta, animales sueltos; esta, dirección prohibida; y esta, ceda el paso.

En cuanto al PPO en versión Baltar (Promoción Profesional Ourensana), el político popular fue capaz de convertir el organismo provincial que presidía en una agencia de colocación para amigos y compinches de partido. Teniendo en cuenta el tamaño de la provincia y el de la Diputación, el esfuerzo colocador de su presidente merece estar en el Libro Guinness de los Récords.

Tras 22 años de dominio imbatible, Baltar se ha marchado por propia decisión. ¡Cómo no! Hay que esperar que, con él, se vayan también el PRI y el PPO.

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