Se marcha Celestino, ¿y qué?

OPINIÓN

01 mar 2017 . Actualizado a las 18:36 h.

Eso: ¿y qué? A ministro muerto, ministro puesto, vino a decir la compañera portavoz, Fernández de la Vega. Y el ministro puesto, apostilló Fernández Toxo, puede ser peor; bueno, Toxo dijo: «Todavía peor», pero a mí me cuesta hacerme eco del «todavía», porque el señor Corbacho hizo lo que pudo en el escenario más horrendo que puede tener un titular de Trabajo: un mercado laboral espantoso, una crisis económica que destruyó empleos de forma desaforada, una reforma laboral que no podía satisfacer a todos y un desamor sindical que desemboca en una huelga que será el último sapo que se traga don Celestino. Corbacho acaba de conseguir lo que buscaba: marcharse. No había dirigente del PSOE ni colega de Gobierno que no llevara un par de meses revelando su cansancio, quizá por no decir que estaba harto. Tuvo que asumir demasiados marrones como para no desear mandar a hacer gárgaras al ministerio y sus oropeles. O sea, que estamos ante una retirada cantada y pedida, pero con mucha fortuna: las elecciones catalanas se convirtieron en su puerto de refugio y Montilla en el amigo que le abrió la puerta de su casa hospitalaria. Ir de número tres en la lista del PSC es más que una salida honrosa: es una garantía de no verse en la más penosa lista del Inem. Lo peor del trance de Corbacho es el momento: en la precampaña electoral de la que será protagonista. Si es cierto que refuerza al PSC, qué más quieren sus contrincantes de CiU, de ERC o del Partido Popular: se cebarán con él, le acusarán de ser el ministro del paro, y lo exhibirán como la muestra física y palpable de lo peor de la política de Zapatero. La estrategia electoral consiste en explotar las minas negativas del adversario. No hubo ni habrá ministro de Trabajo que pueda crear un solo empleo. No hubo ni habrá ministro de Trabajo que pueda impedir un solo despido en una empresa privada; pero la verdad no importa en la contienda electoral. Aquí la cuestión ahora es saber qué hará Zapatero, porque puede tener lista de espera de ministros en retirada: Trinidad Jiménez, si le gana el pulso a Gómez; Moratinos, si se confirma esa majadería de que aspira a la alcaldía de Córdoba; los candidatos municipales o autonómicos que todavía puedan salir. Es el momento de hacer la gran crisis, la que llevamos meses reclamando, la que devuelva al Gobierno la autoridad y el crédito perdido. Pero, ¿se puede hacer un cambio serio de Gobierno cuando ni siquiera sabemos si vamos a elecciones anticipadas? Entre pitos, flautas, ministros errantes y vascos reticentes, Zapatero cada vez me produce más admiración: tiene una capacidad insólita de meterse en líos y es capaz de suscitar expectación para ver por dónde y cómo consigue salir.