LA MÁQUINA comenzó a rodar con el debate del estado de la nación y no parará hasta marzo. En menos de medio mes, ya ha cogido una velocidad endiablada. Por ejemplo, la medida de los 2.500 euros prometidos la semana pasada a las familias por cada recién nacido acabará teniendo efectos retroactivos para todos los niños que salieron al mundo desde enero, pero no se pagará hasta finales de año. Es decir, en vísperas de que esas familias acudan a las urnas a votar. Por ejemplo, de un carpetazo ha enviado al limbo a algunos de los ministros más escaldados y con peor valoración ciudadana, a sabiendas de que serían agentes electorales nocivos si continuaran en el cargo. Por ejemplo, para regresar a ese centro donde están los mayores caladeros de votos en España, ha repescado a José Bono mientras se distancia de sus socios de Esquerra en el Congreso. Y el ejemplo electoral más reciente fue la cumbre ministerial de ayer en Vigo, que podría haberse celebrado en Valencia o en Torrelodones, porque la vinculación con Galicia de la cita, de la agenda tratada y el discurso presidencial fueron nulas. Zapatero está en campaña, lo que requiere presentarse y vender ilusión por las ciudades y, si hace falta, por los pueblos. Quizá por eso ayer a los empresarios del sur de Galicia que acudieron a oír su discurso se les quedó la cara de los concursantes de televisión que no saben la respuesta a la pregunta que les ha caído. Ellos se esperaban algo más concreto con Galicia que el gesto físico de presentarse en Vigo con media docena de ministros. Probablemente Touriño, al que el cargo institucional le obliga a disimular, quedó igualmente decepcionado. El presidente gallego aprovechó su intervención pública ante Zapatero para reivindicar las inversiones necesarias que hagan posible el casi imposible AVE en el 2012. Como respuesta, obtuvo un discurso leído y escrito por algún fontanero de la Moncloa sobre la apuesta por la innovación del Gobierno que preside. A mitad de lectura, cuando prometía que España no perderá el tren de la revolución tecnológica, Zapatero abrió un breve paréntesis para afirmar que el tren veloz también «llegará a tiempo» a Galicia. ¿A tiempo para qué?, presidente.