Yemen

| JAVIER CARRO |

OPINIÓN

10 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

QAT Y YAMBIYA. Los romanos denominaron al Yemen Arabia Felix. Los pueblos mediterráneos veían llegar caravanas cargadas de incienso, mirra, casia, cinamomo y láudano; o riquezas como oro, ébano, marfil y seda, por lo que dedujeron que se trataba de una tierra de fábula. Su máximo esplendor fue el reino de Saba -capital, Mariaba (Marib)-, con su misteriosa reina y su relación amorosa con el rey judío Salomón, que dio origen al mito. La leyenda de Arabia Felix resurgió en el XVII, cuando comerciantes franceses, ingleses y portugueses oyeron hablar de una bebida, el «oro negro» -el café-, que se exportaba al mundo entero a través del puerto yemení de Moka. La actual República del Yemen -puerta entre el mar Rojo y el mar Arábigo- es un país unificado desde 1990, con veinte millones de habitantes, una extensión similar a la de España, y el más pobre de los siete de la península arábiga (PIB de Arabia Saudí, 270.000 millones de dólares; PIB del Yemen, 16.000 millones de dólares). En este país inmerso en la época medieval, el país del qat (hierba cuya masticación hincha los carrillos y produce un efecto ligeramente estimulante) y la yambiya (daga que los varones yemeníes portan en su cinto como signo de masculinidad y pertenencia a una determinada tribu, algunas lucen piedras preciosas en el mango revelando la posición social de su dueño), encontraron la muerte siete turistas españoles, el pasado 2 de julio, por el ataque de un terrorista suicida -previsiblemente de Al Qaida-. El año pasado, justo por estas fechas, viajé a Saná, en donde estuve en una reunión con el embajador español Marcos Vega y el ministro de Asuntos Exteriores yemení -Dr. Abubaker Al-Qirbi-. Al día siguiente tuve varias reuniones con directivos del Al-Thawra General Hospital -donde fueron trasladados los seis heridos en el atentado-. También coincidí en el hotel con tres jóvenes -americano, danés y mexicano- estudiantes de una madrazza, que habían dejado atrás sus países y familias para convertirse al islam, y en el futuro, en Dios sabe qué¿. El presidente del Yemen -Alí Abdalá Saleh- ha ofrecido una recompensa de 58.000 euros a quien proporcione información para detener a los culpables. Misión harto complicada dada la admiración que Bin Laden -de origen yemení- suscita en el mundo árabe. El ministro Moratinos y Bernardino León se preguntaban sobre la conexión entre la muerte de los militares españoles en el Líbano o el atentado de Marib con los doctores suicidas de Londres. En una reciente comida con los máximos responsables de Turismo de España y Egipto -los ministros Joan Clos y Rachid Mohammed Rachid-, pregunté al ministro egipcio sobre el impacto de los atentados del Líbano y Yemen en el turismo de Oriente Medio. Su respuesta: «Nadie está a salvo del terrorismo en ninguna parte del mundo».