¡POBRE Teresa Fernández de la Vega! ETA le escribe todas las semanas. Le manda un escrito a través del Gara . Y se lo manda a ella, porque se da la casualidad de que todos sus relatos del «proceso» se publican los jueves o el viernes, como ayer: para que los periodistas le preguntemos a la vicepresidenta si tiene algo que decir. Fernández de la Vega, que debe haber percibido el juego, dijo ayer que no iba a caer en esa trampa. La banda terrorista tiene un buen equipo de imagen, las cosas como son: maneja la información con esa astucia, sabe prolongar sus efectos y domina la técnica de provocar su eco. ¿Se puede conseguir más? Sí, señor, se pueden conseguir dos efectos todavía más valiosos. Uno es mediático: provoca una oleada de reproducciones que destacan lo más perjudicial para el Gobierno. Ningún medio ha destacado -en muchos casos, ni publicado- que las conversaciones se rompieron porque los representantes socialistas no entraron en concesiones políticas, y eso está en las crónicas del Gara . Todos han incidido en que se pactaron el comunicado etarra y expresiones del presidente, o que no se cumplieron las condiciones previstas. Se crea así una imagen entreguista de los representantes del Estado. El segundo efecto es político: algún representante del PP -ignoro si autorizados por Mariano Rajoy, pero no desautorizados- aprovecha esas informaciones para saltarse el acuerdo de no agresión de hace doce días. El más significado ha sido Eduardo Zaplana, que se basa en fuentes etarras para construir sus argumentos de autoridad. Para esta nueva operación de acoso, da igual lo que diga el Gobierno. La única autoridad informativa reconocida por el PP es la banda terrorista. Ante lo cual, digo: las informaciones hasta ahora publicadas no son especialmente escandalosas. ¿Hay algo raro en que se empiece una negociación pactando los términos de los mensajes? Lo escandaloso sería que hubiera habido alguna concesión política: Navarra, por ejemplo. Lo bochornoso sería que se hubiera excarcelado o acercado a etarras, como se hizo en otras treguas. Lo repugnante sería aceptar la mesa de partidos o bases de la autodeterminación. Pero ponerse de acuerdo en los términos es el principio de cualquier negociación. ¿O alguien cree que Aznar sufrió un lapsus cuando dijo aquello de «movimiento de liberación vasco»? Aznar no utiliza de natural esa expresión ni aquella gloriosa tarde en la Ribera del Duero. Lo que tendría que hacer este Gobierno es sincerarse de una vez, aceptar la verdad de los hechos y aplicar el refrán de que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo, porque lo están poniendo amarillo todos los días. Pero le falta coraje, qué le vamos a hacer.