Una inyección de moral para Ferrol

| CARLOS AGULLÓ |

OPINIÓN

FERROL es una ciudad acomodada, acostumbrada a vivir de los presupuestos oficiales. Los ferrolanos no conocen la iniciativa, todos quieren ser empleados del Estado, vivir de la subvención. Son estereotipos comunes que circulan en Galicia sobre la ciudad y que han calado incluso entre sus vecinos. Pocas localidades debe haber en el mundo que se traten a sí mismas con esa mezcla de cinismo y desdén que, en el fondo, constituye el orgullo de ser ferrolano. Son tópicos que, de vez en cuando, la realidad se encarga de echar por tierra. Ferrol gritó hasta la desesperación porque se perpetró una reconversión sobre un monocultivo industrial que lo único que reconvirtió fueron centros fabriles en solares desiertos. Cambió salarios ganados con esfuerzo por pensiones de prejubilación. Así, la ciudad no ha dejado de perder población hasta la última revisión del censo, que la colocó en 75.000 vecinos. Mientras en otras latitudes se aceleran los trámites para que las infraestructuras no sufran más demora, aquí la autopista llega con diez años de retraso (y sólo después de que un barco rompiese por la mitad el puente de As Pías), y se amaga con la construcción de un puerto exterior al que no se dota de unos accesos adecuados. Cuando todo apunta a que el desánimo había calado definitivamente en la población, tiene que ser Australia, desde las antípodas, quien nos recuerde que en la última esquina del noroeste aún hay vida. Los contratos para el diseño de tres fragatas y la construcción de dos megabuques para la Armada austral son la constatación de que ni la herrumbre paralizó las grúas de los astilleros ni la hierba crece entre el enlosado de las calles. El valor de los contratos es enorme, porque garantiza trabajo a 3.000 familias hasta, al menos, el año 2014. Pero es, además, una oportuna inyección de moral y un aldabonazo para que el resto de Galicia revise los prejuicios. El contrato aprobado por Australia, que tiene antecedentes en Noruega y otros países que demandan calidad y alta tecnología, debiera servir también para espolear a las Administraciones gallega y española. Ferrol tiene futuro si se no se le ponen más obstáculos. Ya se han tomado suficientes decisiones arbitrarias e injustas con la comarca. Como desviar la Transcantábrica todo lo lejos que se pudo del Cantábrico. Lo que tienen que lograr los ferrolanos es que se comprenda que no están mendigando.