Potter

La Voz

OPINIÓN

J. C. ORTIZ | O |

14 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

JOHN Potter era un norteamericano que en los años cincuenta se gastó de su bolsillo 200.000 dólares para dar con los galeones de Rande. La expedición estadounidense estuvo peinando los fondos de la ría de Vigo durante cinco años y, que se sepa, su botín se redujo a anclas, cañones y algunas baratijas. En connivencia con las complacientes autoridades de la época, los norteamericanos trabajaron a sus anchas y sin ningún tipo de control en la ría y el entorno de las islas Cíes, un auténtico parque temático submarino de la milenaria historia de Europa. Bajo los sedimentos se esconde la flota musulmana del siglo IX; el tesoro de Rande sumergido en el siglo XVIII; submarinos de la Segunda Guerra Mundial; y el petrolero Polycommander, causante, en los años setenta, de la primera marea negra que asoló Galicia. Mientras el legendario cazatesoros Potter apura sus últimos días de vida en Estados Unidos, aquí en Galicia seguimos haciendo gala de esa arriesgada generosidad que nos caracteriza y que casi siempre acaba convirtiéndose en desidia. Medio siglo después, la presencia de un barco británico que busca cobre con avanzadísimos medios de detección de metales ha disparado todas las alarmas. El fiscal acaba de archivar las diligencias abiertas tras sospechar que la tripulación estaba detrás del Santo Cristo de Maracaibo, el galeón en el que la Armada británica intentó llevarse parte de los tesoros de la flota de las Indias tras la batalla de Rande. La Justicia no ha encontrado nada raro. Un alivio relativo. Ahora hemos sabido que los sedimentos que durante siglos han protegido gran parte de ese patrimonio son transparentes frente a los robots submarinos que emplean estos de barcos. El sueño del visionario John Potter puede convertirse en una realidad cualquier día de éstos. Ojalá nos pille despiertos.